sábado, 20 de diciembre de 2025

Colmar y otros pueblos de la Alsacia



Con la llegada de la navidad nos despedimos de los viajes de este año, con una escapada de casi cinco días a la Alsacia, zona francesa pegada con Alemania y Suiza que durante algún tiempo en el pasado tuvo pasado alemán como bien demuestra el nombre de muchos de sus pueblos.

Nuestro centro de operaciones sería Colmar, considerada la ciudad de la navidad, por sus luces y mercados navideños, con un precio por noche desorbitado y eso que sacamos el viaje en verano.

En el aeropuerto de Basilea, fue un auténtico periplo conseguir nuestro coche para movernos por los distintos pueblos, porque el aeropuerto de Basilea, está partido en dos zonas con aduana en medio y aunque a priori Basilea es Suiza, para movernos por la Alsacia hay que salir por el lado francés o sino nos tocará pagar de más por el coche incluidas las tasas por el cambio de país. Luego el espectáculo hasta hacerme con el control del coche automático y la manera de meter la marcha atrás y la marcha adelante fue un auténtico espectáculo, que continuó con el GPS que para salir del aeropuerto me metía en una zona reservada para empleados. Vamos que nuestras primeras horas en Suiza fueron pura anécdota.



En menos de una hora, estábamos en nuestro piso en Colmar, caro pero bien ubicado y con aparcamiento lo que fue un plus a la hora de volver de cada excursión.

El primer día ya después de comer, dimos una vuelta por los mercadillos navideños de Colmar, estaba todo abarrotado de gente no al nivel de la calle Preciados de Madrid pero casi. Como anochecía tan pronto no pudimos contemplar los colores de los edificios, solo la gente pasando frío mientras comía algo en los puestos de comida de los mercados, dado que la oferta hostelera de la localidad es muy reducida, ya que en cuanto pasen las fiestas navideñas la ciudad invierna hasta el buen tiempo y a penas recibe turismo.



El segundo día, fue el momento de realizar el típico free tour, desde la catedral de Colmar recorrimos los puntos más emblemáticos de la ciudad, acompañados de una guía que se lo curró muchísimo con música y pasando con sitios que nos daban de probar productos típicos de la Alsacia, como el queso o diferentes dulces. La arquitectura de las viviendas en la Alsacia es muy peculiar con traviesas de madera cruzadas en la fachada y completadas con colores llamativos. Las típicas casa que aparecen en la película de la Bella y la Bestia. Y la zona de la Pequeña Venecia es realmente hermosa.



Esa tarde, tras comer platos típicos Alsacianos, que no nos dejaron muy satisfechos como la "Baeckeoffe" o una lasaña rellena de una especie de quesos que sabía a rayos, nos fuimos a uno de los primeros pueblos de la lista, Eguisheim, con una calle empedrada circular llena de casitas típicas, pero en nada nos abordó la noche y a penas pudimos contemplar sus colores.

El tercer día nos fuimos a Estrasburgo, aparcando nuestro coche en un parking con el que ya podíamos disponer de tranvía hasta el centro, ida y vuelta para hasta 7 personas, una idea magnífica para no meterse hasta el centro con el coche.

La verdad que Estrasburgo nos encantó, una ciudad con muchas cositas que ver, la Gran Rue, la plaza de Gutenberg, la magestuosa catedral con su torre de más de 140m, la ribera del rio, hasta llegar a las puentes cubiertos y la famosa Petite France, que es un barrio junto al río, con las casitas típicas de la Alsacia. La impresión que nos llevamos de la ciudad fue genial.





Ya el cuarto día seguimos viendo pueblecitos, los que más nos gustaron, Riquewihr y después Kaysersberg.

El primero es el que más nos recordó a la Bella y la Bestia, la fuente de la canción "Bonjour, bonjour", las casitas, la torre, todo super decorado de Navidad y de osos que por alguna razón se puso de moda hace años como símbolo navideño, decorando ventanas y balcones.





En Kaysersberg si que comimos bien, una pasta alsaciana, gratinada con el queso munster, tengo que probar esa receta en España.



Esa noche volvimos a dar un paseo por Colmar, llegando a unas letras que nos faltaban por ver y viendo como a partir de las 20h la ciudad parecía un pueblo fantasma, con todo cerrado, todos los puestos navideños apagados, totalmente diferente a la ciudad que vimos el primer día, sin gente. Vaya contraste entre la noche del sábado a la del martes, en la que dicen es la ciudad de la navidad..




Y ya el quinto día, vuelta al aeropuerto, dejando mi coche automático que ha sido muy fácil de conducir (salvo los minutos iniciales), completando unos días por la Alsacia francesa con la que cerramos un año de viajes increíble.


Por cierto nada he dicho del frío que pasamos, con días que las temperaturas a penas subían un par de grados, los cero, amaneciendo muchos días con una densa niebla que me hizo perderme en uno de mis entrenamientos matutinos, a penas hemos visto el sol.


El año que viene toca un nuevo viaje muy muy especial, el de la paternidad.

Un abrazo a todos y feliz navidad!!!

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