sábado, 24 de octubre de 2026

Historias de mi primer y último Ironman

El 17 de octubre, pude completar uno de los retos deportivos que tenia marcado desde hace mucho tiempo, poder cruzar la meta de un triatlón de larga distancia, lo que se conoce como Ironman, lo que se traduce con nadar 3800m, montar en bici 180km y terminar corriendo 42km, una maratón.


Tenia muchas dudas, de que alguna vez pudiera conseguirlo, porque sé lo que es un maratón y correr uno después de haber hecho 180km, me parecía misión imposible, porque aunque llevo mucho tiempo corriendo y haciendo triatlones al menos 10 años, soy bastante limitado con la bici, me gusta montar, pero nunca tantas horas y además por mis problemas de cadera, no puedo ir acoplado, en posición aerodinámica, por lo que voy penalizando mucho más.



Además, habiéndome caído hace un par de años, cuando me inscribí a este mismo triatlón ICAN de Gandía y romperme la clavícula, fruto de la caída; tener el arrojo de intentarlo y terminar consiguiéndolo, me hace no solo vencer a mis limitaciones físicas, sino también a mis miedos, pero, por otro lado, sería un reto que, de no haberlo intentado alguna vez en la vida, se me hubiera quedado una espinita allí, siempre.

Lo primero que quiero contar, es que me he podido poner en la línea de salida, gracias al nacimiento de mi hija Lola, porque la baja de paternidad me ha permitido sacar las horas necesarias para preparar mínimamente una prueba así, con la que sacar una media de 14h a la semana, durante muchas semanas, algo que veo imposible conseguir, con el trabajo y las obligaciones familiares/domésticas.  Y visto lo visto, quizás 14 horas hayan sido pocas, porque con mi hándicap en la bici, hubiera necesitado más horas. La niña esta siendo tan buena, que le dábamos la toma de las 8 y antes de la siguiente a las 11h ya estaba de vuelta disponible para lo que la hija o la madre, pudieran requerir y el día de la semana que tocaba tirada larga en bici, pues Irene se iba con su madre y su abuela y yo me podía ir tranquilo más horas.



Sea como sea, allí estaba en el puerto de Gandía, en una noche aún cerrada del sábado 17 de octubre, con el neopreno puesto, con mucha ilusión pero también con unos nervios que hacia tiempo no percibía, rodeado con el resto de valientes del club Triatlon Marchamalo y también Kake y Javitri, de Azuqueca.


El pistotelazo de salida, se dio con más de 15 minutos de retraso, lo que me reducía el total de tiempo disponible para realizar la prueba, que ya había sido acortado el día anterior con un correo recibido, en el que en vez de dejarnos hasta las 23:30 para terminar, teníamos hasta 22:10 para comenzar la última vuelta de carrera, debido a la previsión de lluvias a partir de las 0:00.

En el agua me sentí en todo momento muy bien, las aguas saladas tranquilas del puerto, el neopreno y la inercia de tantos nadadores hacia adelante, me permitió nadar muy cómodo, sin apenas cansancio a un ritmo algo mejor del esperado. Asi pasaron los metros, dimos la primera vuelta y continuamos hacia la segunda sin apenas diferencia entre una y otra, cuando salí del agua y vi el crono, de 1h19, una gran sonrisa me apareció en la cara.



La T1, me la tomé con calma, me quité el neopreno, el tritraje y me puse culote y maillot para ir lo más cómodo posible en bici durante más de 6h de bici.

Y comenzamos los casi 183km de bici, en un recorrido muy muy llano, en el que teníamos que dar 4 vueltas y media a un circuito de unos 41km, que conocía perfectamente de mis tres participaciones anteriores en el mismo triatlón, pero en media distancia y corta.


No quería calentarme, moviéndome siempre en una media de 29 km/h, con una ida hacia Xeraco, con algo de viento en contra y una vuelta que se volaba hacía Gandía, donde intentaba recuperarme y no picarme demasiado. Todo iba según el plan, comía bien, bebía bien, pasaba por los puntos donde me esperaba la familia, a la hora que les había dicho, me cruzaba con uno y otro compañero del club, estaba feliz, por fin estaba dentro de mi sueño y todo estaba saliendo genial.



Pero claro, el tiempo pasaba y los kilómetros también, e iba a llegar un momento que empezaría estar en territorio desconocido porque el máximo de kilómetros hechos hasta ese momento había sido 140 y ese día me iba a tocar hacer bastantes más. Pues se dio la casualidad de que cuando iba a entrar en esa zona desconocida, en uno de los avituallamientos se les había acabado el agua, pero como es posible que con lo que hemos pagado por una prueba así, no hubiera agua, entre el enfado y los nervios de la situación, no me quedo más que resignarme hasta el siguiente avituallamiento con apenas tres tragos disponibles de agua en mi bidón.

En el siguiente avituallamiento paré tranquilamente, cogí un par de bidones y aproveche para entrar al baño, pero me quedaba vuelta y media de bici, justo en el temido territorio desconocido del que hablaba antes, además ya solo compitiendo en la parte de bici, los participantes que estábamos haciendo el full. Ya no sabia como colocarme en la bici, estaba incomodo, me levantaba muchas veces…se me hizo bastante bola, pero aún así la media no bajó mucho, llegando a la T2 en 6h30, a una media de 28,5 km/h que estaba totalmente en los plantes. Ya solo me faltaba correr.


Cuando dejo la bici, he intento correr aún con las zapatillas de la bici, ya me doy cuenta que tantas horas en bici, me han dejado muy debilitado de la cadera izquierda, a penas me puedo poner recto, sin embargo me vuelvo a cambiar, me pongo las mallas, la camiseta, voy al baño para hacer pis y me pongo a correr, un poco más lento del ritmo que tenia marcado, pero bueno al menos podía correr, me decía, la primera vuelta de 7km de las seis que tenia que hacer, la pude correr al completo, pero ya empezaba a sentir, que el agotamiento era palpable, me sentía muy cargado de cuádriceps y muy hundido de caderas.

Según comienzo la segunda vuelta, vivo el momento más complicado de la carrera, llegando al avituallamiento, me tocaba tomar gel, pero fue solo hacer el intento de sacarlo que me dio unas arcadas, que fueron a más, me empecé a marear y tuve que sentarme durante unos minutos junto a los voluntarios del avituallamiento, ahí pensé que todo se acababa, que el sueño del Ironman se iba a quedar ahí, pero una de las chicas, me dio un vasito de coca-cola y milagrosamente resucité, cambiando totalmente en ese momento el plan de carrera, activando el modo supervivencia total, dejando de lado los geles que tenia previsto para la carrera, cambiándolos por un vasito de coca-cola, un trozo de naranja, frutos secos y agua, combinación que mi estomago toleraba. Aún me quedaban por delante 35km…


En esta tesitura, comenzaron muchos kilómetros de cacos, parte caminando, parte corriendo, realmente no sentía ningún dolor, si mucho cansancio, pero con una gran batalla mental, al sentir que cada vez que corría, lo hacía más y más lento. Sin embargo, estaba perfectamente preparado para esto, sabía que podía ocurrir, Irene lo sabía, pero el resto de compañeros o familiares, realmente les notaba apesadumbrados al verme corriendo tan lento, pero era algo que estaba en mucho de los planes y que me había entrenado para ello, por lo que en mi cabeza seguía el mi sueño intacto y cuando giraba el cono, con el que comenzaba una nueva vuelta y daba la espalda a la meta, me decía “David lo vas a conseguir”.

Tuve momentos malos, no puedo negarlo, recuerdo una vez que corriendo por el paseo miré hacia el mar y me dije, y si me voy a la playa, me doy un baño, me relajo un poco y ya después que venga lo que tenga que venir...estuve apuntisimo, pero en ese momento apareció el miedo de la hora de corte y me dije como vaya a bañar adiós a mi sueño, porque, aunque parecía que tenia margen, cada vez cada vuelta se me iba más tiempo y no me iba a sobrar tanto margen.

Luego poco a poco, empezó a anochecer, cada vez había menos corredores disputando la prueba, nos quedábamos solo los más lentos, ya había zonas como la del espigón que la hacía prácticamente toda andando, porque no se veía apenas nada y no estaba las cosas como para sufrir un tropezón.  Perdí totalmente la conciencia del ritmo, solo miraba de vez en cuando el reloj, porque con tan pocos atletas corriendo y una tormenta eléctrica que se veía a lo lejos, temía que, en cualquier giro de vuelto nos mandaran para meta, pero terminé la quinta vuelta y me aseguraron que me dejarían completar la última vuelta, sabia que lo iba a lograr.


La última vuelta, tuve que jugar con la emoción, porque me veía muy cerca del objetivo, pero el cansancio, me hacía muchas veces no saber ni respirar. Ya solo habíamos tres o cuatro atletas corriendo, uno solo detrás de mí, al resto, les habían cortado en la vuelta cuatro o cinco, pero bueno fuera como fuera iba a llegar. En el punto de animación del club, estaba mi hermano, para darme una pancarta con la foto de Irene y de Lola madre, Lola Hija, ojalá esa foto no hubiese sido una simulación y pudiera haberse hecho alguna vez, pero bueno de una manera u otra, ahí estaba mi madre, dándome fuerzas para alcanzar una meta más.



Los últimos metros fueron muy muy emocionantes, un verdadero sueño, alcanzar la alfombra morada del ICAN de Gancia y mi gente esperándome. Fundiéndonos en abrazos entre lágrimas, porque si, lo había conseguido, había logrado alcanzar la meta de un Ironman. Allí estaban Raquel, Raúl y Esther, allí estaba mi cuñado, mi hermana, mi hermano y sobre todo Irene y mi niña, Lola. Los veía orgullosos de mi y yo un sentimiento de felicidad máximo, al conseguir posiblemente el reto más complicado al que me he enfrentado nunca, pero lo conseguí.

Como decía en el titulo del blog, este ha sido mi primer y mi último Ironman, no voy a tener nunca la fortaleza, ni el tiempo, ni el animo de hipotecar mi tiempo y el de mi familia para volver a plantearme algo así. Ya he desbloqueado un objetivo, me siento feliz por haberlo hecho, pero la larga distancia en bici no esta hecha para mí, porque no la disfruto y estas cosas están hechas para disfrutar, aunque siempre aparezca de un modo u otro el sufrimiento. 



Ahora toca, unos días de dar algo de tregua al cuerpo, volver con la rutina del trabajo, tras la baja de paternidad, pero los sueños no terminan, porque alguien dijo una vez, que todos los caminos llevan a Roma…




sábado, 10 de octubre de 2026

Mi enamoramiento con Peñiscola



Hace poco más de dos años comenzó mi enamoramiento con esta población de Castellón coronada por el majestuoso castillo del Papa Luna y bañado por unas aguas de color azahar del Mediterráneo. 




Nunca había estado aquí antes y ese verano del 2024, el que sin ninguna duda fue el peor verano de mi vida me conectó con Peñiscola de una manera especial. 

Ese verano, que comenzaba con un espectacular viaje a México con mí sobrino Carlos, pero que pronto se torceria con la caída en bici, rotura de clavícula y poco después con el triste fallecimiento de mi madre, tuvo algo positivo, conocer Peñiscola. 

Su espectacular playa Norte con las vistas hacía el castillo me cautivó desde el primer momento, las letras de Peñiscola, el Banco de la felicidad, los largos paseos por la orilla, o perderme por cualquier callecita estrecha de su maravilloso casco antiguo. 


Como tenía el brazo en cabestrillo, no podía conducir y los días por aquí, pues nos dió por mirar pisos pero más entretenimiento que por otra cosa, la verdad es que en aquel momento no pensaba que solo un mes después estaría dando la entrada para mí piso de vacaciones.. 

Aquí en Peñiscola, fue desde donde vi por última vez a mi madre, fue una videollamada y yo estaba paseando con una callecita que sale a mano izquierda antes de llegar al castillo y que termina en una zona acantilada. La calle de la Porteta. 



Pocos días después de ese primer viaje a Peñiscola, aunque volviera a hablar con ella casi a diario por teléfono, ya nunca volví a ver sus expresiones, sus risas, sus frases, su alegría que siempre transmitía aunque por dentro solo Dios sabría como estaba realmente, el destino se la llevó para siempre y en medio de ese caos de sentimiento que era mi vida en ese momento, no se como pero algo dentro de mi, me precipitó a comprarme una casa con Irene, dando el contrato de arras sin ni siquiera haber visto la casa in situ. 


Locura, tal vez, pero en estos dos años que han pasado ya, bendita locura, porque si Peñiscola me gustó en esos primeros días, con el pasó de las visitas me ha terminado por enamorar. 



A veces se dice que se termina volviendo aquel lugar donde se fue felíz, no lo sé, porque en Lo Pagán, Murcia, he sido felíz, en Hellín he sido felíz, en casa de mis padres en las Torres he sido felíz, pero sin ella sin mi madre, todos esos sitios ya no son iguales, pero aquí en Peñiscola, donde no hay recuerdos con ella, salvó esa última videollamada, me siento bien, en paz, con recuerdos por construir y no el vacío que termina apareciendo en otros lugares. 


La verdad es que tuvimos mucha suerte con la compra del piso, una auténtica oportunidad, con dos habitaciones, dos baños, todo amueblado, garaje, trastero y piscina, a tan sólo 7-8 minutos andando de las letras de Peñiscola, una casa para vivir, a un precio que nos podíamos permitir, por eso nos metimos sin mucho dudar porque trenes así quizás no volvieran a pasar. 


Recuerdo que nos escapamos el segundo finde de las fiestas de Azuqueca para ver el piso, habíamos ya dado la señal y con un vídeo nos habían enseñado todas las habitaciones y particularidades de la vivienda, que paz sentir que todo lo visto en fotos y videos era real, porque sino la hubiéramos liado pero bien. 

Ese finde descubrí por primera vez la Sierra de Irta, sali corriendo hacia las montañas y al poco me tope con un sendero, que acariciaba el mar por un lado y que estaba lleno de árboles al otro, una verdadera pasada que en esos momentos de bajón en los que estaba mi vida, me hicieron llorar mientras corría de paz, al sentir una conexión especial con la naturaleza. Fue algo mágico, yo creo que ese día comenzó el enamoramiento con Peñiscola. 




Desde entonces y hasta hoy, han sido constantes las escapadas y no ha cambiado un ápice mi sentimiento, Peñíscola, me encanta. Sus calles, su playa, los lugares que poco a poco hemos ido descubriendo para comer, para tapear, hemos seguido perdiéndonos entre sus calles, he seguido corriendo y montando en bici por la Sierra de Irta y ahora con Lola con nosotros, hemos empezado la fábrica de creación de nuevos buenos recuerdos y eso no tiene precio. 

jueves, 23 de julio de 2026

Los dos primeros meses



Hoy hace dos meses que conocimos a nuestra niña y posiblemente hayan sido los dos meses más maravillosos de mí vida, en los que he experimentado sensaciones que no nunca había vivido antes…

Y es que como se puede querer tanto a alguien…ya desde el primer momento de verla cuando me la dieron en el paritorio, viendo sus ojitos con la mirada perdida, su carita…

Han sido dos meses de aprendizaje, con los pañales, de poner bodys más o menos complicados, las tomas, el bibe, pero nuestra Lola, nos lo está poniendo todo muy fácil, come bien, nos deja dormir y desde hace unas cuentas semanas, esa sensación de mirarla, que te conozca y que solo sintiendo que estoy cerca me regale una sonrisa, pues es algo único, que me tiene literalmente enamorado.

La verdad, siempre quise ser padre, he disfrutado muchísimo jugando con mis sobrinos o entrenando a peques en mi época universitaria pero la vida tiene estas cosas, y en ocasiones las relaciones sentimentales no terminan cuajando y sinceramente hubo un momento de mi vida que pensé que nunca sería padre, era incapaz de abrirme al amor y  me encontraba feliz disfrutando de mis viajes, el deporte, mi libertad de estar con quien quisiera, sin pensar en más, pero un día llegó Irene en mi vida y muchos de esos prejuicios iniciales se fueron desvaneciendo, venciendo la coraza y permitiéndome volver a sentir, y al fin llegar hasta aquí, gracias Irene por compartir todo este proceso conmigo.


Esto de ser padre, realmente comienza mucho antes del día del nacimiento, comienza cuando te enteras de la noticia del embarazo, esos primeros días de cambios, náuseas, susceptibilidad con los olores. 

Uno de los días más increíbles es cuando oyes su corazoncito por primera vez en una eco, jo se me caían las lágrimas. Y según iba creciendo nuestra hija dentro de Irene, también crecían las ilusiones, las ganas de verla entre nosotros, pero lamentablemente también los miedos, porque todo saliera bien, que viniera sana. 


En parte, ser padre también es eso, alegrías, ilusiones, pero también preocupaciones porque nuestros hijos estén bien. 

Los primeros meses del embarazo, pasaron muy rápido, entre ecografías en las que poco a poco el embrión al que llamábamos Alfonsito iba cogiendo forma humana y lo más importante crecía por buen camino. En noviembre, nos dicen que podría ser una niña, Irene estaba super ilusionada porque quería niña, lo que pudo balancear la triste noticia de que no la renovaran del trabajo por estar embarazada.


Superada la barrera de los tres meses de embarazado comenzamos a abrir la noticia entre la gente y lógicamente comenzamos con la lista de nombres, Irene tenía una lista grandísima en la que un día ponemos el filtro, a mí la verdad es que de chica me gustaba Lucia y de chico David, ella plantea Martina, Rocío, Lola, Cayetana, Valeria, Carlota...de chico Mateo, Lucas y David, solo le echa para atrás el nombre de David que también sea el mío. Cuando dijo lo de Lola, pues me tembló un poco todo, lo primero tenía la impresión de que Lola era un nombre de abuela que no pegaba en los tiempos actuales, pero por otro lado al ser el nombre de mí madre pues me parecía un motivo súper bonito de cerrar un periodo complicado de toda la familia, pero tenía dudas que pudieran ser un recuerdo de pena y no algo bonito, no quería que vieran a mi hija y estén con melancolía siempre por recordar a mi madre. Un día se me ocurre mirar los nombres que más se ponen últimamente y me sorprende como Lola, (no Dolores) es bastante habitual.

Unos días después, tengo una revelación, siento como algo dentro de mí, me dice que va a ser niña y que se va a llamar Lola, no sé cómo ni porqué, pero es un sentimiento que me aborda y me hace vivir el embarazo con aún un poco más de ilusión si cabe. Pocos días después nos confirman que será niña…Y decidimos que se llamaría Lola, gracias de nuevo a Irene por proponerlo


Sigo echando muchísimo de menos a mi madre, van a ser ya dos años y sigue existiendo ahí dentro una herida, que no se cierra y que simplemente aprendes a vivir con ella. Pero, aunque el dolor siga, hayan días de lágrimas, de vacío, desde que decidimos el nombre de Lola, comenzó un nuevo proceso en mi vida, con el que siento que finalmente vencí al duelo. Se que mi madre esta muy contenta viendo a su hijo pequeño ser padre al fin y que su nieta, lleve su nombre es sin duda un plus para que desde donde este haga que esta nueva Lola crezca con salud. Pero no puedo negar que me encantaría tanto, que hubiera podido conocer a su nieta y que la mirara con la ilusión que si ha tenido la posibilidad de verla su abuelo Gaspar. Pero así es la vida y todo sigue.

La verdad, es que muchas veces me decían aprovecha ahora que no tienes hijos para hacer esto, para hacer lo otro, pues que suerte la mía, que llevo dos meses y no he dejado de hacer nada que formara parte de mi vida, hemos seguido saliendo a cenar, visitando sitios, viajando y sobre todo la niña no ha impedido que dejara de hacer una de mis mayores pasiones, que es el deporte, es más gracias a ella, estoy disfrutando de un periodo sin trabajar, donde me estoy dando cuenta de donde vienen gran parte de los problemas de mi vida, porque ahora no siento estrés, estoy mas tranquilo conmigo y con los míos, aprovecho el tiempo de la tranquilidad que me da mi casa, mi patio, la piscina y sobre todo tiempo con mis niñas, la madre y la hija. Si hasta he podido disfrutar de un Mundial como nunca que nos ha terminado por regalar nuestra segunda estrella, y es que Lola, sin duda has venido con un estrella debajo del brazo, que ilumina mi vida de una manera especial, desde que te conocí.


Aun me queda mucho por vivir de esta experiencia de padre primerizo, pero sin duda es algo único que no acaba nada más que comenzar, por lo que sin ninguna duda esta historia…continuará…

sábado, 20 de diciembre de 2025

Colmar y otros pueblos de la Alsacia



Con la llegada de la navidad nos despedimos de los viajes de este año, con una escapada de casi cinco días a la Alsacia, zona francesa pegada con Alemania y Suiza que durante algún tiempo en el pasado tuvo pasado alemán como bien demuestra el nombre de muchos de sus pueblos.

Nuestro centro de operaciones sería Colmar, considerada la ciudad de la navidad, por sus luces y mercados navideños, con un precio por noche desorbitado y eso que sacamos el viaje en verano.

En el aeropuerto de Basilea, fue un auténtico periplo conseguir nuestro coche para movernos por los distintos pueblos, porque el aeropuerto de Basilea, está partido en dos zonas con aduana en medio y aunque a priori Basilea es Suiza, para movernos por la Alsacia hay que salir por el lado francés o sino nos tocará pagar de más por el coche incluidas las tasas por el cambio de país. Luego el espectáculo hasta hacerme con el control del coche automático y la manera de meter la marcha atrás y la marcha adelante fue un auténtico espectáculo, que continuó con el GPS que para salir del aeropuerto me metía en una zona reservada para empleados. Vamos que nuestras primeras horas en Suiza fueron pura anécdota.



En menos de una hora, estábamos en nuestro piso en Colmar, caro pero bien ubicado y con aparcamiento lo que fue un plus a la hora de volver de cada excursión.

El primer día ya después de comer, dimos una vuelta por los mercadillos navideños de Colmar, estaba todo abarrotado de gente no al nivel de la calle Preciados de Madrid pero casi. Como anochecía tan pronto no pudimos contemplar los colores de los edificios, solo la gente pasando frío mientras comía algo en los puestos de comida de los mercados, dado que la oferta hostelera de la localidad es muy reducida, ya que en cuanto pasen las fiestas navideñas la ciudad invierna hasta el buen tiempo y a penas recibe turismo.



El segundo día, fue el momento de realizar el típico free tour, desde la catedral de Colmar recorrimos los puntos más emblemáticos de la ciudad, acompañados de una guía que se lo curró muchísimo con música y pasando con sitios que nos daban de probar productos típicos de la Alsacia, como el queso o diferentes dulces. La arquitectura de las viviendas en la Alsacia es muy peculiar con traviesas de madera cruzadas en la fachada y completadas con colores llamativos. Las típicas casa que aparecen en la película de la Bella y la Bestia. Y la zona de la Pequeña Venecia es realmente hermosa.



Esa tarde, tras comer platos típicos Alsacianos, que no nos dejaron muy satisfechos como la "Baeckeoffe" o una lasaña rellena de una especie de quesos que sabía a rayos, nos fuimos a uno de los primeros pueblos de la lista, Eguisheim, con una calle empedrada circular llena de casitas típicas, pero en nada nos abordó la noche y a penas pudimos contemplar sus colores.

El tercer día nos fuimos a Estrasburgo, aparcando nuestro coche en un parking con el que ya podíamos disponer de tranvía hasta el centro, ida y vuelta para hasta 7 personas, una idea magnífica para no meterse hasta el centro con el coche.

La verdad que Estrasburgo nos encantó, una ciudad con muchas cositas que ver, la Gran Rue, la plaza de Gutenberg, la magestuosa catedral con su torre de más de 140m, la ribera del rio, hasta llegar a las puentes cubiertos y la famosa Petite France, que es un barrio junto al río, con las casitas típicas de la Alsacia. La impresión que nos llevamos de la ciudad fue genial.





Ya el cuarto día seguimos viendo pueblecitos, los que más nos gustaron, Riquewihr y después Kaysersberg.

El primero es el que más nos recordó a la Bella y la Bestia, la fuente de la canción "Bonjour, bonjour", las casitas, la torre, todo super decorado de Navidad y de osos que por alguna razón se puso de moda hace años como símbolo navideño, decorando ventanas y balcones.





En Kaysersberg si que comimos bien, una pasta alsaciana, gratinada con el queso munster, tengo que probar esa receta en España.



Esa noche volvimos a dar un paseo por Colmar, llegando a unas letras que nos faltaban por ver y viendo como a partir de las 20h la ciudad parecía un pueblo fantasma, con todo cerrado, todos los puestos navideños apagados, totalmente diferente a la ciudad que vimos el primer día, sin gente. Vaya contraste entre la noche del sábado a la del martes, en la que dicen es la ciudad de la navidad..




Y ya el quinto día, vuelta al aeropuerto, dejando mi coche automático que ha sido muy fácil de conducir (salvo los minutos iniciales), completando unos días por la Alsacia francesa con la que cerramos un año de viajes increíble.


Por cierto nada he dicho del frío que pasamos, con días que las temperaturas a penas subían un par de grados, los cero, amaneciendo muchos días con una densa niebla que me hizo perderme en uno de mis entrenamientos matutinos, a penas hemos visto el sol.


El año que viene toca un nuevo viaje muy muy especial, el de la paternidad.

Un abrazo a todos y feliz navidad!!!