Hoy hace dos meses que conocimos a nuestra niña y posiblemente hayan sido los dos meses más maravillosos de mí vida, en los que he experimentado sensaciones que no nunca había vivido antes…
Y es que como se puede querer
tanto a alguien…ya desde el primer momento de verla cuando me la dieron en el
paritorio, viendo sus ojitos con la mirada perdida, su carita…
Han sido dos meses de aprendizaje,
con los pañales, de poner bodys más o menos complicados, las tomas, el bibe,
pero nuestra Lola, nos lo está poniendo todo muy fácil, come bien, nos deja dormir
y desde hace unas cuentas semanas, esa sensación de mirarla, que te conozca y
que solo sintiendo que estoy cerca me regale una sonrisa, pues es algo único,
que me tiene literalmente enamorado.
La verdad, siempre quise ser
padre, he disfrutado muchísimo jugando con mis sobrinos o entrenando a peques
en mi época universitaria pero la vida tiene estas cosas, y en ocasiones las
relaciones sentimentales no terminan cuajando y sinceramente hubo un momento de
mi vida que pensé que nunca sería padre, era incapaz de abrirme al amor y me
encontraba feliz disfrutando de mis viajes, el deporte, mi libertad de estar
con quien quisiera, sin pensar en más, pero un día llegó Irene en mi vida y
muchos de esos prejuicios iniciales se fueron desvaneciendo, venciendo la coraza
y permitiéndome volver a sentir, y al fin llegar hasta aquí, gracias Irene por compartir
todo este proceso conmigo.
Esto de ser padre, realmente comienza mucho antes del día del nacimiento, comienza cuando te enteras de la noticia del embarazo, esos primeros días de cambios, náuseas, susceptibilidad con los olores.
Uno de los días más increíbles es
cuando oyes su corazoncito por primera vez en una eco, jo se me caían las lágrimas.
Y según iba creciendo nuestra hija dentro de Irene, también crecían las
ilusiones, las ganas de verla entre nosotros, pero lamentablemente también los
miedos, porque todo saliera bien, que viniera sana.
En parte, ser padre también es eso, alegrías, ilusiones, pero también preocupaciones porque nuestros hijos estén bien.
Los primeros meses del embarazo,
pasaron muy rápido, entre ecografías en las que poco a poco el embrión al que llamábamos
Alfonsito iba cogiendo forma humana y lo más importante crecía por buen camino.
En noviembre, nos dicen que podría ser una niña, Irene estaba super ilusionada
porque quería niña, lo que pudo balancear la triste noticia de que no la
renovaran del trabajo por estar embarazada.
Superada la barrera de los tres
meses de embarazado comenzamos a abrir la noticia entre la gente y lógicamente comenzamos
con la lista de nombres, Irene tenía una lista grandísima en la que un día
ponemos el filtro, a mí la verdad es que de chica me gustaba Lucia y de chico
David, ella plantea Martina, Rocío, Lola, Cayetana, Valeria, Carlota...de chico
Mateo, Lucas y David, solo le echa para atrás el nombre de David que también
sea el mío. Cuando dijo lo de Lola, pues me tembló un poco todo, lo primero
tenía la impresión de que Lola era un nombre de abuela que no pegaba en los
tiempos actuales, pero por otro lado al ser el nombre de mí madre pues me
parecía un motivo súper bonito de cerrar un periodo complicado de toda la
familia, pero tenía dudas que pudieran ser un recuerdo de pena y no algo
bonito, no quería que vieran a mi hija y estén con melancolía siempre por
recordar a mi madre. Un día se me ocurre mirar los nombres que más se ponen
últimamente y me sorprende como Lola, (no Dolores) es bastante habitual.
Unos días después, tengo una revelación,
siento como algo dentro de mí, me dice que va a ser niña y que se va a llamar
Lola, no sé cómo ni porqué, pero es un sentimiento que me aborda y me hace
vivir el embarazo con aún un poco más de ilusión si cabe. Pocos días después
nos confirman que será niña…Y decidimos que se llamaría Lola, gracias de nuevo
a Irene por proponerlo
Sigo echando muchísimo de menos a mi madre, van a ser ya dos años y sigue existiendo ahí dentro una herida, que no se cierra y que simplemente aprendes a vivir con ella. Pero, aunque el dolor siga, hayan días de lágrimas, de vacío, desde que decidimos el nombre de Lola, comenzó un nuevo proceso en mi vida, con el que siento que finalmente vencí al duelo. Se que mi madre esta muy contenta viendo a su hijo pequeño ser padre al fin y que su nieta, lleve su nombre es sin duda un plus para que desde donde este haga que esta nueva Lola crezca con salud. Pero no puedo negar que me encantaría tanto, que hubiera podido conocer a su nieta y que la mirara con la ilusión que si ha tenido la posibilidad de verla su abuelo Gaspar. Pero así es la vida y todo sigue.
La verdad, es que muchas veces me
decían aprovecha ahora que no tienes hijos para hacer esto, para hacer lo otro,
pues que suerte la mía, que llevo dos meses y no he dejado de hacer nada que
formara parte de mi vida, hemos seguido saliendo a cenar, visitando sitios,
viajando y sobre todo la niña no ha impedido que dejara de hacer una de mis mayores
pasiones, que es el deporte, es más gracias a ella, estoy disfrutando de un
periodo sin trabajar, donde me estoy dando cuenta de donde vienen gran parte de
los problemas de mi vida, porque ahora no siento estrés, estoy mas tranquilo
conmigo y con los míos, aprovecho el tiempo de la tranquilidad que me da mi
casa, mi patio, la piscina y sobre todo tiempo con mis niñas, la madre y la
hija. Si hasta he podido disfrutar de un Mundial como nunca que nos ha
terminado por regalar nuestra segunda estrella, y es que Lola, sin duda has
venido con un estrella debajo del brazo, que ilumina mi vida de una manera especial,
desde que te conocí.
Aun me queda mucho por vivir de esta experiencia de padre primerizo, pero sin duda es algo único que no acaba nada más que comenzar, por lo que sin ninguna duda esta historia…continuará…
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