El 17 de octubre, pude completar uno de los retos deportivos que tenia marcado desde hace mucho tiempo, poder cruzar la meta de un triatlón de larga distancia, lo que se conoce como Ironman, lo que se traduce con nadar 3800m, montar en bici 180km y terminar corriendo 42km, una maratón.
Tenia muchas dudas, de que alguna
vez pudiera conseguirlo, porque sé lo que es un maratón y correr uno después de
haber hecho 180km, me parecía misión imposible, porque aunque llevo mucho
tiempo corriendo y haciendo triatlones al menos 10 años, soy bastante limitado
con la bici, me gusta montar, pero nunca tantas horas y además por mis
problemas de cadera, no puedo ir acoplado, en posición aerodinámica, por lo que
voy penalizando mucho más.
Además, habiéndome caído hace un par de años, cuando me inscribí a este mismo triatlón ICAN de Gandía y romperme la clavícula, fruto de la caída; tener el arrojo de intentarlo y terminar consiguiéndolo, me hace no solo vencer a mis limitaciones físicas, sino también a mis miedos, pero, por otro lado, sería un reto que, de no haberlo intentado alguna vez en la vida, se me hubiera quedado una espinita allí, siempre.
Lo primero que quiero contar, es
que me he podido poner en la línea de salida, gracias al nacimiento de mi hija
Lola, porque la baja de paternidad me ha permitido sacar las horas necesarias
para preparar mínimamente una prueba así, con la que sacar una media de 14h a
la semana, durante muchas semanas, algo que veo imposible conseguir, con el
trabajo y las obligaciones familiares/domésticas. Y visto lo visto, quizás 14 horas hayan sido
pocas, porque con mi hándicap en la bici, hubiera necesitado más horas. La niña
esta siendo tan buena, que le dábamos la toma de las 8 y antes de la siguiente
a las 11h ya estaba de vuelta disponible para lo que la hija o la madre,
pudieran requerir y el día de la semana que tocaba tirada larga en bici, pues
Irene se iba con su madre y su abuela y yo me podía ir tranquilo más horas.
Sea como sea, allí estaba en el
puerto de Gandía, en una noche aún cerrada del sábado 17 de octubre, con el
neopreno puesto, con mucha ilusión pero también con unos nervios que hacia
tiempo no percibía, rodeado con el resto de valientes del club Triatlon
Marchamalo y también Kake y Javitri, de Azuqueca.
El pistotelazo de salida, se dio con más de 15 minutos de retraso, lo que me reducía el total de tiempo disponible para realizar la prueba, que ya había sido acortado el día anterior con un correo recibido, en el que en vez de dejarnos hasta las 23:30 para terminar, teníamos hasta 22:10 para comenzar la última vuelta de carrera, debido a la previsión de lluvias a partir de las 0:00.
En el agua me sentí en todo
momento muy bien, las aguas saladas tranquilas del puerto, el neopreno y la
inercia de tantos nadadores hacia adelante, me permitió nadar muy cómodo, sin
apenas cansancio a un ritmo algo mejor del esperado. Asi pasaron los metros,
dimos la primera vuelta y continuamos hacia la segunda sin apenas diferencia
entre una y otra, cuando salí del agua y vi el crono, de 1h19, una gran sonrisa
me apareció en la cara.
La T1, me la tomé con calma, me
quité el neopreno, el tritraje y me puse culote y maillot para ir lo más cómodo
posible en bici durante más de 6h de bici.
Y comenzamos los casi 183km de
bici, en un recorrido muy muy llano, en el que teníamos que dar 4 vueltas y
media a un circuito de unos 41km, que conocía perfectamente de mis tres
participaciones anteriores en el mismo triatlón, pero en media distancia y
corta.
No quería calentarme, moviéndome siempre en una media de 29 km/h, con una ida hacia Xeraco, con algo de viento en contra y una vuelta que se volaba hacía Gandía, donde intentaba recuperarme y no picarme demasiado. Todo iba según el plan, comía bien, bebía bien, pasaba por los puntos donde me esperaba la familia, a la hora que les había dicho, me cruzaba con uno y otro compañero del club, estaba feliz, por fin estaba dentro de mi sueño y todo estaba saliendo genial.
Pero claro, el tiempo pasaba y los kilómetros también, e iba a llegar un momento que empezaría estar en territorio desconocido porque el máximo de kilómetros hechos hasta ese momento había sido 140 y ese día me iba a tocar hacer bastantes más. Pues se dio la casualidad de que cuando iba a entrar en esa zona desconocida, en uno de los avituallamientos se les había acabado el agua, pero como es posible que con lo que hemos pagado por una prueba así, no hubiera agua, entre el enfado y los nervios de la situación, no me quedo más que resignarme hasta el siguiente avituallamiento con apenas tres tragos disponibles de agua en mi bidón.
En el siguiente avituallamiento
paré tranquilamente, cogí un par de bidones y aproveche para entrar al baño,
pero me quedaba vuelta y media de bici, justo en el temido territorio
desconocido del que hablaba antes, además ya solo compitiendo en la parte de
bici, los participantes que estábamos haciendo el full. Ya no sabia como
colocarme en la bici, estaba incomodo, me levantaba muchas veces…se me hizo
bastante bola, pero aún así la media no bajó mucho, llegando a la T2 en 6h30, a
una media de 28,5 km/h que estaba totalmente en los plantes. Ya solo me faltaba
correr.
Cuando dejo la bici, he intento
correr aún con las zapatillas de la bici, ya me doy cuenta que tantas horas en
bici, me han dejado muy debilitado de la cadera izquierda, a penas me puedo
poner recto, sin embargo me vuelvo a cambiar, me pongo las mallas, la camiseta,
voy al baño para hacer pis y me pongo a correr, un poco más lento del ritmo que
tenia marcado, pero bueno al menos podía correr, me decía, la primera vuelta de
7km de las seis que tenia que hacer, la pude correr al completo, pero ya
empezaba a sentir, que el agotamiento era palpable, me sentía muy cargado de
cuádriceps y muy hundido de caderas.
Según comienzo la segunda vuelta,
vivo el momento más complicado de la carrera, llegando al avituallamiento, me
tocaba tomar gel, pero fue solo hacer el intento de sacarlo que me dio unas
arcadas, que fueron a más, me empecé a marear y tuve que sentarme durante unos
minutos junto a los voluntarios del avituallamiento, ahí pensé que todo se
acababa, que el sueño del Ironman se iba a quedar ahí, pero una de las chicas,
me dio un vasito de coca-cola y milagrosamente resucité, cambiando totalmente
en ese momento el plan de carrera, activando el modo supervivencia total,
dejando de lado los geles que tenia previsto para la carrera, cambiándolos por
un vasito de coca-cola, un trozo de naranja, frutos secos y agua, combinación
que mi estomago toleraba. Aún me quedaban por delante 35km…
En esta tesitura, comenzaron
muchos kilómetros de cacos, parte caminando, parte corriendo, realmente no
sentía ningún dolor, si mucho cansancio, pero con una gran batalla mental, al
sentir que cada vez que corría, lo hacía más y más lento. Sin embargo, estaba
perfectamente preparado para esto, sabía que podía ocurrir, Irene lo sabía,
pero el resto de compañeros o familiares, realmente les notaba apesadumbrados
al verme corriendo tan lento, pero era algo que estaba en mucho de los planes y
que me había entrenado para ello, por lo que en mi cabeza seguía el mi sueño
intacto y cuando giraba el cono, con el que comenzaba una nueva vuelta y daba
la espalda a la meta, me decía “David lo vas a conseguir”.
Tuve momentos malos, no puedo
negarlo, recuerdo una vez que corriendo por el paseo miré hacia el mar y me
dije, y si me voy a la playa, me doy un baño, me relajo un poco y ya después
que venga lo que tenga que venir...estuve apuntisimo, pero en ese momento
apareció el miedo de la hora de corte y me dije como vaya a bañar adiós a mi
sueño, porque, aunque parecía que tenia margen, cada vez cada vuelta se me iba
más tiempo y no me iba a sobrar tanto margen.
Luego poco a poco, empezó a
anochecer, cada vez había menos corredores disputando la prueba, nos quedábamos
solo los más lentos, ya había zonas como la del espigón que la hacía
prácticamente toda andando, porque no se veía apenas nada y no estaba las cosas
como para sufrir un tropezón. Perdí
totalmente la conciencia del ritmo, solo miraba de vez en cuando el reloj,
porque con tan pocos atletas corriendo y una tormenta eléctrica que se veía a
lo lejos, temía que, en cualquier giro de vuelto nos mandaran para meta, pero
terminé la quinta vuelta y me aseguraron que me dejarían completar la última
vuelta, sabia que lo iba a lograr.
Los últimos metros fueron muy muy
emocionantes, un verdadero sueño, alcanzar la alfombra morada del ICAN de
Gancia y mi gente esperándome. Fundiéndonos en abrazos entre lágrimas, porque
si, lo había conseguido, había logrado alcanzar la meta de un Ironman. Allí
estaban Raquel, Raúl y Esther, allí estaba mi cuñado, mi hermana, mi hermano y
sobre todo Irene y mi niña, Lola. Los veía orgullosos de mi y yo un sentimiento
de felicidad máximo, al conseguir posiblemente el reto más complicado al que me
he enfrentado nunca, pero lo conseguí.
Ahora toca, unos días de dar algo
de tregua al cuerpo, volver con la rutina del trabajo, tras la baja de
paternidad, pero los sueños no terminan, porque alguien dijo una vez, que todos
los caminos llevan a Roma…
























