La Senda de Camille es una
travesía circular de 104 km, en la parte más occidental del pirineo Oscense,
que cruza la frontera con Francia. Su nombre se debe a una especie de oso autóctono
de esta zona.
En la web oficial de la senda (http://www.lasendadecamille.com/), están
establecidas 6 etapas, tú eliges el lugar donde quieres empezar y la dirección.
Nosotros dejamos en manos de Alcarria Trekking (http://alcarriatrekking.blogspot.com.es/)
la preparación de esta nueva aventura, en
la que en 4 días haríamos la senda, alargando cada una de las etapas “oficiales”.
La verdad es que me despreocupe
totalmente del viaje que tenía por delante, nos dijeron lo que teníamos que
llevar y sinceramente sabía que iba a andar mucho, pero en mi cabeza estaba la
idea que sería como un paseo tranquilo por la montaña.
Que equivocado estaba… la senda
Camille es preciosa, pero para recorrerla debes ser una persona activa y para hacerla en 4 días como fue nuestro caso,
se convierte en no apta para cualquiera, lo que tras el primer día, hizo que en
mi cabeza cámbiese el chip y viera esta experiencia como un nuevo reto que
vivir.
Estos cuatro días han sido increíbles,
duros físicamente, pero en los que he podido comprobar que estoy muy fuerte
mentalmente, porque a pesar de tener horas y horas para comerte la cabeza,
siempre tuve una mentalidad positiva.
La senda atraviesa zonas muy diferentes,
tras ascender a un nuevo collado, descubrías un nuevo valle en el que se
cambiaba por completo el decorado, pasabas de zonas sin apenas vegetación a
otras de selva. Había zonas que pisamos nieve, atravesamos ríos, vimos cortados
en la montaña de película, nos deleitamos con ibones, vimos muchos animales, la
verdad es un cumulo de imágenes que te purifican completamente.
EN ESTE VIDEO HAY UN RESUMEN DEL VIAJE EN IMÁGENES
A lo largo del recorrido nos
vamos encontrando distintos refugios; Lizara, Gabardito, Linza, Arlet…la idea
que tenía por refugio era un lugar techado en la que habría unos camastros y
poco más, otra equivocación más, los refugios son más parecido a la idea que
tenemos de albergue, con una zona donde comer, nos preparaban cena y desayuno, podíamos
tomarnos nuestras cervezas, teníamos agua caliente, luz, vamos que excepto
cobertura teníamos de todo. La verdad es que los refugios están muy bien
equipados y llevando algo de embutido y fruta para la mitad de la ruta, vives
la experiencia sin pasar nada de hambre y lo digo yo que soy de comer
Entre los más de +-6000 metros de
desnivel acumulado, en los que apenas hay tiempo para el descanso, nos ha dado
tiempo para vivir muchas anécdotas, conocer gente nueva, bañarnos en ríos, meter
los pies en los ibones, tener dolores aquí y allá, curar las ampollas y heridas
de guerra que iban apareciendo, pero sobre todo hemos vivido un viaje
inolvidable.
La experiencia ha sido muy
positiva, con unos paisajes preciosos, demasiado paliza el hacerlo en 4 días y
más cuando al día siguiente de volver tienes que currar, pero con la sensación
de haber podido al menos olvidarme y liberarme de ese día a día que nos pesa en
el cuerpo mucho más que mi mochila estos días en mi espalda.
Con el triatlón de Pareja de este
pasado fin de semana, se termina mi temporada 2015-16, otra temporada en la que
acabo muy feliz, obteniendo todos los retos propuesto al empezar, entre ellos
mejorar mi marca en las tres distancias; 10k, Media Maratón y Maratón.
Si bien la temporada no ha sido un camino de rosas, detrás de tantos días de
entrenamiento y tantos kilómetros, han habido momentos de dudas, de soledad, de
esperar…pero bueno al final lo metes todo en una balanza y te das cuenta que
mereció la pena.
En total han sido 34
competiciones, entre carreras populares, carreras de montaña, medias maratones,
el maratón de Madrid, un duatlón y el triatlón de la semana pasada, una
temporada completísima, en la que he disfrutado mucho, no he tenido problemas de
lesiones y he podido continuar con esta filosofía de vida, que alimenta de
ilusión mi día a día.
En los 10K, mi mejor marca hasta
el comienzo de la temporada era de 37:37, bajando esa marca en tres pruebas
durante el año, dejando mi MMP en 36:34, más de un minuto de mejora,
increíble!! El año que viene espero poder arañar segundos al crono.
En Media Maratón, por fin corrí
por debajo de 4:00 el km de media, el primer sitio en mi Guadalajara y luego en
Getafe un poco mejor y finamente Aranjuez, dejando el crono en 1h23:21, sé que
todavía puedo correr más rápido y el año que viene lucharé por ello.
En Maratón y a pesar que el resultado en Madrid no fue malo, 3h21:33, mis
expectativas no se cumplieron, pagué mi inexperiencia en la distancia y sé que
en la preparación hubieron muchas cosas mejorables, así que espero poder
resarcirme pronto, el año que viene haré el Maratón de Sevilla y repetiré
Madrid.De una manera u otra, el momento
de dar un buen bocado al crono de Maratón todavía no ha llegado.
Pero no solo de marcas vive el
atleta popular, para la temporada que viene, quiero seguir divirtiéndome
mientras me exijo, quiero compartir más momentos con mi familia villana, quiero
seguir viviendo el ambiente de las carreras, sé que no siempre se podrá seguir
bajando récords, ni que acabaré en el podium del circuito provincial, ni que
recibiré el monigote por las 100 carreras en mi club, ni quizás pueda pelear
por la liga de rebanadores, pero seguiré corriendo, porque corriendo soy feliz.
Corría Septiembre del 2012,
acababa de terminar una relación sentimental y deportivamente llevaba varios
años tirando del carro en un equipo del que hasta ese momento era el deporte de
mi vida, el futbol sala. En esos días en los que quizás estaba bastante tocado,
cambie por completo muchas de las cosas que habían sido mi día a día, durante
años.
Entre las mil y una vueltas que
daba mi cabeza, recordé como unos meses atrás en la media Maratón de Azuqueca
de Mayo de 2012, la primera media que corría en mi pueblo, vi a una gran
cantidad de gente, vistiendo una camiseta azul y amarilla, pertenecían al club
de Atletismo de Villanueva. Busqué
información por información por Internet del club y un día me lancé a llamar
por teléfono a un número que aparecía, al otro lado me contestó un hombre, que
me animó que viniera un día a entrenar, que conociera el ambiente, que viera si
me gustaba y luego ya viera si quería apuntarme o no.
Recuerdo como hasta ese momento,
para mí el atletismo no era más que un medio para estar en forma en mi equipo
de fútbol sala, participaba en alguna carrera popular y era fijo en la san
silvestre de Azuqueca año tras año, pero poco más. Sin embargo sentía que era
el momento de hacer algo nuevo, así que fui a un entrenamiento.
La persona, que estaba al otro
lado del teléfono se llamaba Jose, que me presentó a mucha gente,entre ellos conocía a Jaime, excompañero de
mi padre en Renfe, con el que fui pegado todo el entrenamiento, no sea que me
fuera a perder, entre el sinuoso recorrido, entre una calle a otra por todo
Villanueva, así conocí la cuesta de los “Autos Locos” por primera vez y
completé mi primer rondo. Acabé encantado y no tardé en formalizar mi
inscripción en el club.
Ese primer entrenamiento llevó a
otro y a otro y a otro más y llegaron las primeras carreras luciendo la
camiseta azul y amarilla, las primeras MMPs y así poco a poco en silencio, fui
abriéndome a ese grupo de personas, que sin saberlo cada vez me daban más y en
conjunto eran justo lo que en ese momento de mi vida necesitaba.
Según pasaba el tiempo, el
atletismo fue obteniendo más importancia en mi vida, siempre tenía un reto en
el horizonte y eso me hacía mantenerme activo, ilusionado, feliz. Desde
entonces con la gente del club, he vivido viajes, quedadas, piques por
llevarnos más o menos puntos en la liga villana, he encontrado personas increíbles
en los que confiar. Considerando muchos de ellos a día de hoy mis amigos, todos
diferentes pero con algo en común, el club de atletismo de Villanueva.
Han pasado, ya casi 4 años desde
entonces, mi vida está mucho más estable que cuando entre a formar parte de
esta familia, tanto en lo profesional, como en lo personal y seguro que gran
parte del equilibrio lo he conseguido con esta nueva filosofía de vida, que empezó
a forjarse el primer día que comencé a entrenar con esta gente.
Han sido tantos buenos momentos…
Y así poco a poco, entreno a
entreno, carrera a carrera, reto a reto, he llegado a las 100 carreras, increíble!!!
Da igual el número de carreras
que lleves a tus espaldas, ya sean 20 o 99, porque cuando tienes por delante el
Maratón de Madrid, todo me resulta diferente, es una carrera que empiezas a
visualizar en tu cabeza mucho tiempo atrás y durante los días previos te
resulta tan difícil sacártela de la cabeza…
Ya el viernes empezamos a vivir
el maratón, con la feria del corredor, las primeras fotos, el dorsal,el paseo por los stands, el timo comprando geles
y luego una cenita con los Runners en una Tagliatella. Me encantó vivir esos
momentos con mi hermano, más si cabe porque este año no viviríamos la
experiencia del año anterior en la que corrimos juntos.
El domingo, partimos hacía
Madrid, en el autobús ochentero (como fue bautizado), Romo, el Profe, Capote,
Juanjo, Carlos y yo. Cada uno contando sus objetivos, sus experiencias y algún
que otro olvido. Ya en el Retiro, nos juntamos con la mayor parte familia villana
que corría, entre fotos nos fuimos cambiando, untándonos de cremas, pomadas y
otros brebajes para preparar los 42km que teníamos por delante.
De camino a la salida, pude ver a
mi hermano y un poco después a Javi, Pedroviejo y Delgado. Poco a poco nos
fuimos separando cada villano a su cajón y tras los típicos momentos en los que
no sabemos donde esta nadie, nos juntamos Edu, Romo, Carlos y yo, en el cajón 2;
muy cerca de nosotros Peñu.
Y por fin empieza la carrera, es difícil
correr los primeros metros y quise tomármelo con calma, haciendo los primeros kilómetros
algo por encima del rimo de 4:30 que me había marcado ir, voy dejando atrás a Romo
y Edu y tras pasar la montonera del globo de las 3h30 veo a Carlos con su
gorra, no muy lejos, le doy caza y juntos pasamos el Bernabéu y llegamos a
Plaza Castilla, desde allí empecé mi carrera solo ante el peligro.
Por Bravo Murillo, fui
recuperando los segundos perdidos y pasé el primer 10K al ritmo deseado, me
sentía pletórico, feliz, por fin estaba viviendo el día que tanto tiempo estaba
esperando. Cuando pasamos por el puente de Nuevos Ministerios, se me ponen los
pelos de punta, con los ánimos de los villanos y un poco delante los padres de
Irene, que tenían indicaciones de su hija de donde tenían que ir viéndome,
intentando hacer que no notara su ausencia lo más mínimo.
Llegué a la altura de Peñu y durante
muchos kilómetros, tuve que frenarme, porque la emoción me embargaba. A la
altura de Noviciado mi amigo Pablo, está con su cámara y me voy preparando ante
los metros más increíbles de la carrera, por Gran Via, Callao, Sol, la Calle Mayor
y el Palacio Real, son unos kilómetros fantásticos, donde la gente te lleva en volandas.
Poco después llegamos, a la media
Maratón, 20 segundos por debajo del ritmo que tenía previsto, 1h34:40, me
sentía bien pero mientras cojo agua, me adelanta el globo de las 3h15 y un grupito
de gente que venía acompañándole, no entendía que el globo fuera tan rápido,
pero bueno yo sigo mi carrera.
Pasamos el Parque del Oeste y encaramos la larga
Avenida de Valladolid, al final de ella, estaba mi cuñada Cristina, con mis
sobrinos y poco delante de nuevo los padres de irene, me tomó mi segundo gel y
entre que lo abro, me lo tomó, que llega la cuesta del lago de la Casa
Campo, siento como poco a poco el globo se me va escapando, los kilómetros se
me van unos segundos, pero lo achaco al cambio de perfil, en el giro de la Casa
Campo, veo que Peñu le tengo realmente cerca. La cuesta justo cuando sales de
la casa campo se me atasca mucho, me empiezo a sentir muy pesado, aunque consigo recuperarme algo en la bajada,
empiezo a sentir que algo no va bien.
De camino al Calderón, los
abductores me empiezan a doler y tengo que bajar unos segundos el ritmo, Peñu y
sus secuaces no tardan en darme caza, intercambiamos unas palabras, en las que
le digo, que tenía mucho miedo a lo que venía por delante, porque aunque me
sintiera bien de respiración, cada vez sentía más acalambradas las piernas y
sabía muy bien, que a partir de ahora todo sería subida.
No sé si esto era el muro, si
habría llegado el tío del mazo o qué sería, pero cada vez me costaba más
correr, así que cogí un ritmo, en el que el dolor fuera soportable. Por suerte,
cuando más me flojeaban las fuerzas mi cabeza tiraba de mí y no tuve en ningún
momento malos pensamientos, no pensé que se me fuera el tiempo objetivo, ni qué
los kilómetros cada vez tardaran más en llegar, simplemente me decía que era un
héroe por estar allí y que la experiencia valía la pena.
En estos kilómetros de subida, me
adelanta Carlos Serrano, ¡¡¡cómo iba el mochuelo!!!, me dedicó unas grandes palabras de ánimo y siguió su camino y
yo… el mío. En Embajadores ya estaba mi amigo Pablo otra vez animando y antes de
llegar a Atocha, estaba José y poco después de nuevo los padres de Irene, qué
campeones. Ya me costaba correr, mi zancada era muy corta, y cada intento por
acelerar el ritmo, era abortado con algún calambre, ya fuera de una zona u
otra.
Pasé Neptuno, llegue a la
Cibeles, alcancé Colón y a duras penas superé la última cuesta de Velázquez. Ya
en Príncipe de Vergara, los villanos y Ernesto, un compi del trabajo, me dieron
el último aliento y con una sonrisa en el rostro, que me acompaño casi toda la
carrera, y lleno de dolor y de cansancio entré en el Retiro, disfrutando de una
satisfacción indescriptible en los últimos metros y alzando los brazos al cruzar
la meta, porque lo había conseguido.
Según paré de correr, mis piernas
dijeron basta, no era capaz de andar, tardé más de una hora en recoger mi
mochila y volver hacía la meta por fuera, donde estaban e iban llegando el
resto de villanos.
Una vez pasado unos días, puedo decir que todo
el esfuerzo realizado, mereció la pena.
Quiero agradecer especialmente, a
todos los villanos que vinieron a animarnos, a mi hermano Gaspar al que eche
tanto de menos durante la carrera, a Pablo por recorrerse medio Madrid con su
cámara, a Julián y Cristina, padres de Irene, que en ausencia de su hija, se multiplicaron
por todo el recorrido, a Ernesto por acompañarme tras alcanzar la meta y a
Irene, que no pudo estar ahí, pero que lo preparó todo para que no notara su
ausencia y prueba de ello, este video.
En fin, una experiencia increíble,
que termina con una nueva Mejor Marca Personal, con la sensación que aún puedo
mejorar muchísimo en esta distancia, la mejor rubrica posible para la carrera
número 100, dentro del Club Atletismo Villanueva.