Con el triatlón de Pareja de este
pasado fin de semana, se termina mi temporada 2015-16, otra temporada en la que
acabo muy feliz, obteniendo todos los retos propuesto al empezar, entre ellos
mejorar mi marca en las tres distancias; 10k, Media Maratón y Maratón.
Si bien la temporada no ha sido un camino de rosas, detrás de tantos días de
entrenamiento y tantos kilómetros, han habido momentos de dudas, de soledad, de
esperar…pero bueno al final lo metes todo en una balanza y te das cuenta que
mereció la pena.
En total han sido 34
competiciones, entre carreras populares, carreras de montaña, medias maratones,
el maratón de Madrid, un duatlón y el triatlón de la semana pasada, una
temporada completísima, en la que he disfrutado mucho, no he tenido problemas de
lesiones y he podido continuar con esta filosofía de vida, que alimenta de
ilusión mi día a día.
En los 10K, mi mejor marca hasta
el comienzo de la temporada era de 37:37, bajando esa marca en tres pruebas
durante el año, dejando mi MMP en 36:34, más de un minuto de mejora,
increíble!! El año que viene espero poder arañar segundos al crono.
En Media Maratón, por fin corrí
por debajo de 4:00 el km de media, el primer sitio en mi Guadalajara y luego en
Getafe un poco mejor y finamente Aranjuez, dejando el crono en 1h23:21, sé que
todavía puedo correr más rápido y el año que viene lucharé por ello.
En Maratón y a pesar que el resultado en Madrid no fue malo, 3h21:33, mis
expectativas no se cumplieron, pagué mi inexperiencia en la distancia y sé que
en la preparación hubieron muchas cosas mejorables, así que espero poder
resarcirme pronto, el año que viene haré el Maratón de Sevilla y repetiré
Madrid.De una manera u otra, el momento
de dar un buen bocado al crono de Maratón todavía no ha llegado.
Pero no solo de marcas vive el
atleta popular, para la temporada que viene, quiero seguir divirtiéndome
mientras me exijo, quiero compartir más momentos con mi familia villana, quiero
seguir viviendo el ambiente de las carreras, sé que no siempre se podrá seguir
bajando récords, ni que acabaré en el podium del circuito provincial, ni que
recibiré el monigote por las 100 carreras en mi club, ni quizás pueda pelear
por la liga de rebanadores, pero seguiré corriendo, porque corriendo soy feliz.
Corría Septiembre del 2012,
acababa de terminar una relación sentimental y deportivamente llevaba varios
años tirando del carro en un equipo del que hasta ese momento era el deporte de
mi vida, el futbol sala. En esos días en los que quizás estaba bastante tocado,
cambie por completo muchas de las cosas que habían sido mi día a día, durante
años.
Entre las mil y una vueltas que
daba mi cabeza, recordé como unos meses atrás en la media Maratón de Azuqueca
de Mayo de 2012, la primera media que corría en mi pueblo, vi a una gran
cantidad de gente, vistiendo una camiseta azul y amarilla, pertenecían al club
de Atletismo de Villanueva. Busqué
información por información por Internet del club y un día me lancé a llamar
por teléfono a un número que aparecía, al otro lado me contestó un hombre, que
me animó que viniera un día a entrenar, que conociera el ambiente, que viera si
me gustaba y luego ya viera si quería apuntarme o no.
Recuerdo como hasta ese momento,
para mí el atletismo no era más que un medio para estar en forma en mi equipo
de fútbol sala, participaba en alguna carrera popular y era fijo en la san
silvestre de Azuqueca año tras año, pero poco más. Sin embargo sentía que era
el momento de hacer algo nuevo, así que fui a un entrenamiento.
La persona, que estaba al otro
lado del teléfono se llamaba Jose, que me presentó a mucha gente,entre ellos conocía a Jaime, excompañero de
mi padre en Renfe, con el que fui pegado todo el entrenamiento, no sea que me
fuera a perder, entre el sinuoso recorrido, entre una calle a otra por todo
Villanueva, así conocí la cuesta de los “Autos Locos” por primera vez y
completé mi primer rondo. Acabé encantado y no tardé en formalizar mi
inscripción en el club.
Ese primer entrenamiento llevó a
otro y a otro y a otro más y llegaron las primeras carreras luciendo la
camiseta azul y amarilla, las primeras MMPs y así poco a poco en silencio, fui
abriéndome a ese grupo de personas, que sin saberlo cada vez me daban más y en
conjunto eran justo lo que en ese momento de mi vida necesitaba.
Según pasaba el tiempo, el
atletismo fue obteniendo más importancia en mi vida, siempre tenía un reto en
el horizonte y eso me hacía mantenerme activo, ilusionado, feliz. Desde
entonces con la gente del club, he vivido viajes, quedadas, piques por
llevarnos más o menos puntos en la liga villana, he encontrado personas increíbles
en los que confiar. Considerando muchos de ellos a día de hoy mis amigos, todos
diferentes pero con algo en común, el club de atletismo de Villanueva.
Han pasado, ya casi 4 años desde
entonces, mi vida está mucho más estable que cuando entre a formar parte de
esta familia, tanto en lo profesional, como en lo personal y seguro que gran
parte del equilibrio lo he conseguido con esta nueva filosofía de vida, que empezó
a forjarse el primer día que comencé a entrenar con esta gente.
Han sido tantos buenos momentos…
Y así poco a poco, entreno a
entreno, carrera a carrera, reto a reto, he llegado a las 100 carreras, increíble!!!
Da igual el número de carreras
que lleves a tus espaldas, ya sean 20 o 99, porque cuando tienes por delante el
Maratón de Madrid, todo me resulta diferente, es una carrera que empiezas a
visualizar en tu cabeza mucho tiempo atrás y durante los días previos te
resulta tan difícil sacártela de la cabeza…
Ya el viernes empezamos a vivir
el maratón, con la feria del corredor, las primeras fotos, el dorsal,el paseo por los stands, el timo comprando geles
y luego una cenita con los Runners en una Tagliatella. Me encantó vivir esos
momentos con mi hermano, más si cabe porque este año no viviríamos la
experiencia del año anterior en la que corrimos juntos.
El domingo, partimos hacía
Madrid, en el autobús ochentero (como fue bautizado), Romo, el Profe, Capote,
Juanjo, Carlos y yo. Cada uno contando sus objetivos, sus experiencias y algún
que otro olvido. Ya en el Retiro, nos juntamos con la mayor parte familia villana
que corría, entre fotos nos fuimos cambiando, untándonos de cremas, pomadas y
otros brebajes para preparar los 42km que teníamos por delante.
De camino a la salida, pude ver a
mi hermano y un poco después a Javi, Pedroviejo y Delgado. Poco a poco nos
fuimos separando cada villano a su cajón y tras los típicos momentos en los que
no sabemos donde esta nadie, nos juntamos Edu, Romo, Carlos y yo, en el cajón 2;
muy cerca de nosotros Peñu.
Y por fin empieza la carrera, es difícil
correr los primeros metros y quise tomármelo con calma, haciendo los primeros kilómetros
algo por encima del rimo de 4:30 que me había marcado ir, voy dejando atrás a Romo
y Edu y tras pasar la montonera del globo de las 3h30 veo a Carlos con su
gorra, no muy lejos, le doy caza y juntos pasamos el Bernabéu y llegamos a
Plaza Castilla, desde allí empecé mi carrera solo ante el peligro.
Por Bravo Murillo, fui
recuperando los segundos perdidos y pasé el primer 10K al ritmo deseado, me
sentía pletórico, feliz, por fin estaba viviendo el día que tanto tiempo estaba
esperando. Cuando pasamos por el puente de Nuevos Ministerios, se me ponen los
pelos de punta, con los ánimos de los villanos y un poco delante los padres de
Irene, que tenían indicaciones de su hija de donde tenían que ir viéndome,
intentando hacer que no notara su ausencia lo más mínimo.
Llegué a la altura de Peñu y durante
muchos kilómetros, tuve que frenarme, porque la emoción me embargaba. A la
altura de Noviciado mi amigo Pablo, está con su cámara y me voy preparando ante
los metros más increíbles de la carrera, por Gran Via, Callao, Sol, la Calle Mayor
y el Palacio Real, son unos kilómetros fantásticos, donde la gente te lleva en volandas.
Poco después llegamos, a la media
Maratón, 20 segundos por debajo del ritmo que tenía previsto, 1h34:40, me
sentía bien pero mientras cojo agua, me adelanta el globo de las 3h15 y un grupito
de gente que venía acompañándole, no entendía que el globo fuera tan rápido,
pero bueno yo sigo mi carrera.
Pasamos el Parque del Oeste y encaramos la larga
Avenida de Valladolid, al final de ella, estaba mi cuñada Cristina, con mis
sobrinos y poco delante de nuevo los padres de irene, me tomó mi segundo gel y
entre que lo abro, me lo tomó, que llega la cuesta del lago de la Casa
Campo, siento como poco a poco el globo se me va escapando, los kilómetros se
me van unos segundos, pero lo achaco al cambio de perfil, en el giro de la Casa
Campo, veo que Peñu le tengo realmente cerca. La cuesta justo cuando sales de
la casa campo se me atasca mucho, me empiezo a sentir muy pesado, aunque consigo recuperarme algo en la bajada,
empiezo a sentir que algo no va bien.
De camino al Calderón, los
abductores me empiezan a doler y tengo que bajar unos segundos el ritmo, Peñu y
sus secuaces no tardan en darme caza, intercambiamos unas palabras, en las que
le digo, que tenía mucho miedo a lo que venía por delante, porque aunque me
sintiera bien de respiración, cada vez sentía más acalambradas las piernas y
sabía muy bien, que a partir de ahora todo sería subida.
No sé si esto era el muro, si
habría llegado el tío del mazo o qué sería, pero cada vez me costaba más
correr, así que cogí un ritmo, en el que el dolor fuera soportable. Por suerte,
cuando más me flojeaban las fuerzas mi cabeza tiraba de mí y no tuve en ningún
momento malos pensamientos, no pensé que se me fuera el tiempo objetivo, ni qué
los kilómetros cada vez tardaran más en llegar, simplemente me decía que era un
héroe por estar allí y que la experiencia valía la pena.
En estos kilómetros de subida, me
adelanta Carlos Serrano, ¡¡¡cómo iba el mochuelo!!!, me dedicó unas grandes palabras de ánimo y siguió su camino y
yo… el mío. En Embajadores ya estaba mi amigo Pablo otra vez animando y antes de
llegar a Atocha, estaba José y poco después de nuevo los padres de Irene, qué
campeones. Ya me costaba correr, mi zancada era muy corta, y cada intento por
acelerar el ritmo, era abortado con algún calambre, ya fuera de una zona u
otra.
Pasé Neptuno, llegue a la
Cibeles, alcancé Colón y a duras penas superé la última cuesta de Velázquez. Ya
en Príncipe de Vergara, los villanos y Ernesto, un compi del trabajo, me dieron
el último aliento y con una sonrisa en el rostro, que me acompaño casi toda la
carrera, y lleno de dolor y de cansancio entré en el Retiro, disfrutando de una
satisfacción indescriptible en los últimos metros y alzando los brazos al cruzar
la meta, porque lo había conseguido.
Según paré de correr, mis piernas
dijeron basta, no era capaz de andar, tardé más de una hora en recoger mi
mochila y volver hacía la meta por fuera, donde estaban e iban llegando el
resto de villanos.
Una vez pasado unos días, puedo decir que todo
el esfuerzo realizado, mereció la pena.
Quiero agradecer especialmente, a
todos los villanos que vinieron a animarnos, a mi hermano Gaspar al que eche
tanto de menos durante la carrera, a Pablo por recorrerse medio Madrid con su
cámara, a Julián y Cristina, padres de Irene, que en ausencia de su hija, se multiplicaron
por todo el recorrido, a Ernesto por acompañarme tras alcanzar la meta y a
Irene, que no pudo estar ahí, pero que lo preparó todo para que no notara su
ausencia y prueba de ello, este video.
En fin, una experiencia increíble,
que termina con una nueva Mejor Marca Personal, con la sensación que aún puedo
mejorar muchísimo en esta distancia, la mejor rubrica posible para la carrera
número 100, dentro del Club Atletismo Villanueva.
Esta Semana Santa la hemos pasado en Escocia,
en un fabuloso viaje por su capital, Edimburgo, una magnifica ciudad llena de
misterios y rincones fabulosos, los HighLands, las tierras altas de Escocia,
con sus montañas nevadas y los lagos, entre ellos el famoso Lago Ness, conocido
por las leyendas de su monstruo y por último una escapadita a Glasgow.
Dia 1: Toma de Contacto
El primer día lo invertimos en patear la
ciudad, nuestro hotel, un Ibis, situado a las afueras de la ciudad, estaba muy bien
comunicado con el centro de la ciudad por el moderno tranvía de la ciudad, por
cierto trenes de fabricación española, CAF. Una vez en el centro de la ciudad, se
puede ir andando de un lugar a otro, porque toda la zona turística está
bastante cerca entre si.
Princess Street, es la calle que separa la
ciudad antigua, coronada por su majestuoso castillo y la ciudad nueva, es la
calle donde se concentran las tiendas con las marcas de ropa típicas. En uno de
los laterales de la calle, se encuentran los Princess Gardens, la estación
central de ferrocarril de Edimburgo y el monumento de Scott. Todo ello situado
en un espacio, donde en el pasado existía un lago, que servía de protección
ante los constantes intentos de conquista por parte de los ingleses. A este
lago, le rodeaban millones de leyendas y era foco de la mayor parte de las
enfermedades y epidemias que azotaron la ciudad de Edimburgo en los siglos
pasados, de ahí que terminaran desecando el lago y convirtiéndolo en lo que
ahora es.
Al final de Princess Street, llegas a Calton
Hill, una colina de la ciudad, conocida como la Atenas del Norte, por alguno de
los monumentos que se encuentran en su conjunto. Para mí una de las zonas más
bellas de la ciudad, porque desde allí puedes contemplar toda la belleza de la
ciudad.
Por la tarde, nos introdujimos en el casco
antiguo, recorriendo la Royal Mille, la calle que cruza la ciudad, desde el
Castillo, hasta el Palacio de Holyroodhouse. La calle esta dividida en varias
secciones, como High Street o Canongate, donde antiguamente estaba la
puertade la ciudad, para entrar había
que pagar un tributo, de ahí su nombre.
Dia 2: La visita al Castillo
El castillo de Edimburgo, es realmente
hermoso, situado en lo alto de la colina desde la que se construye la ciudad,
en todo el centro de la misma, en un enclave único, solo accesible desde el
último tramo de la Royal Mille. En su interior puedes contemplar desde las
joyas de la corona, museo militar, las antiguas cárceles militares, verel cañonazo de la una, que cada día se
realiza y en especial disfrutar de unas vistas preciosas.
La entrada al castillo es cara, 16.50 libras,
pero merecen la pena.
Por la tarde, hicimos un tour en castellano,
por las calles del centro, en el que nos contaron muchas historias y leyendas
de la ciudad. Este tipo de tour, gratuito, está cada vez más extendido por
Europa, al final del mismo pagas la voluntad al guía en función de tu nivel de
satisfacción. Me parece una manera magnifica de conocer las ciudades, este tour
en cuestión, nos llevo adentrarnos por los callejones que rodean la Royal
Mille, conocer sus misterios, la historia de la ciudad, pero de una manera
divertida, amena, que tanto a Irene como a mí nos encantó.
Día 3: HighLandsy Lago Ness
Otra de las visitas obligadas si visitas
Escocia durante varios días es conocer sus tierras altas, para llegar hasta
ellas optamos por contratar una excursión desde España, que desde primera hora
de la mañana y como corderitos nos fue llevando a un grupito de Españoles, en
un bus, por Stirling, los HighLands o el lago Ness.
Tantas horas en autobús y tener que visitar
cada lugar mirando el reloj para no salirnos de la hora programada, me hace no
viajar “a mis anchas” como habitualmente estamos acostumbrados, pero la otra
opción hubiera sido alquilar un coche y darte una paliza igual conduciendo por
el lado distinto al habitual, así que no considero que hicimos lo correcto.
Los highlands, son una zona preciosa, llena de
naturaleza, montañas semi nevadas y en especial lagos, dicen que en Escocia,
existen más de 31000 lagos, algunos grandísimos, entre todos ellos destaca uno,
el Lago Ness, que seguro que no será ni el más bonito, ni el más grande, pero
que en sus aguas negras esconde una de las leyendas más conocida en todo el
mundo, el monstruo del lago Ness. Todo lo que circula alrededor de este cuento,
hay que mirarlo con cierto escepticismo, lo que es evidente, que ha servido
para explotar turísticamente una zona.
Dia 4: Water of Leight
Al cuarto día, visitamos una de
las zonas más entrañables de la ciudad, el paseo en torno al pequeño rio de la
ciudad, zona conocida como Water of Leight, una zona muy bonita, perfecta para
salir a pasear, que atraviesa el antiguo pueblo de Dean Village, absorbido por
la capital.
Después, volvimos al centro, para
recorrer por completo la Royal Mille y llegar al Palacio, alojamiento de la
reina Isabel II, al menos durante una semana al año.
Día 5: Glasgow
Nuestro quinto
día lo pasamos en Glasgow, en escasa una hora desde Edimburgo en tren. Esta
ciudad es mucho más moderna que Ediimburgo, pero mucho menos turística, sin
apenas reclamosde gran interés, y los
que hay están bastantes más diversos por la ciudad. Si bien, me dio la
impresión de una ciudad llena de vida, incluso más que su competidora por la
hegemonía del pais. Pero si en general mi sensación de Edimburgo, era que es
una preciosa ciudad, que le falta un gran rio en su centro histórico, considero
Glasgow, como una ciudad con río pero a la que le falta todo lo demás, desde el
punto de vista turístico.
Llegamos a la
estación de Queen Street, situada en todo el centro del ciudad, al lado de
Queen Square, sede del Ayuntamiento y en los alrededores, la galería de Arte
Moderno, y Bachacan, la calle comercial de la ciudad.
Desde allí,
fuimos paseando, hasta la catedral de la ciudad y la necrópolis de al lado, es
increíble, como en general todos los cementerios en Escocia, son más bien
usados como parques y un lugar ampliamente visitado, que la idea que tenemos de
ellos es España.
Desde la
catedral, cogimos Hight Street, pasando por la plaza del mercado, hasta llegar
al rio Clyde justo al lado de una zona ajardinada, que tenía en su interior un
pequeño arco del Triunfo. Toda la ladera del rio es un agradable paseo, con
carril bici, perfecto para practicar deporte.
Cuando
llegamos a la altura de Bachacan Street, justo al pasar un puente colgante de
la ciudad, subimos de nuevo hacía el centro, comiendo en un centro comercial,
dentro de la gran oferta de ocio que tiene esta calle.
Tras comer,
cogimos el metro, rumbo a la parada de HillHead, donde se encuentra la
universidad de Glasgow, un recinto realmente impresionante, su visita, es
obligatoria, para mí lo más bonito de la ciudad, con un campus ajardinado y una
arquitectura del edificio principal realmente únicos, en especial el claustro
con la zona de columnas.
Los
alrededores de la universidad son también preciosos, varios parques, los
puentes sobre otro pequeño río de la ciudad y el museo KelvinGroove.
De vuelta, un
tranquilo paseo, por la ladera del rio. Hasta llegar de nuevo a la estación y
volver para Edimburgo, para cenar en el Restaurante italiano Marlone, donde
comimos y cenamos varios días, y probamos algunos de sus inigualables postres.
Desde allí, el último vistazo, a algunos de los lugares de ensueño que nos han
acompañado estos días y que Irene ha recogido en este fabuloso video, y que son
el mejor resumen a un viaje inolvidable.