Esta pequeña inclusión de poco más de cuatro días por esta isla de nuestras Canarias, me han dejado un gran sabor de boca por sus playas y los lugares visitados, aquí un resumen de viaje.
Como alojamiento apostamos por un apartamento en Maspalomas, dentro de un complejo cerca de la Playa del Inglés, llamado Club Vistaflor, los apartamentos eran unos dúplex con su zona de comedor, sofa cama y cocina en la planta baja y una habitación doble arriba. El complejo tenía su piscina, actividades, restaurante y lo mejor de todo solo 240€ por las cuatro noches en un apartamento con cabida para cuatro personas. Una verdadera ganga en temporada alta.
En nuestra zona, al margen de la impresionante Playa del Inglés, teníamos uno de esos lugares únicos y que caracterizan un lugar, las dunas de Maspalomas, un auténtico desierto con el océano de fondo conformando un paisaje increíble por el que puedes pasear tranquilamente descalzo pisando la finísima arena que forma estas montañas. Sin duda la imagen subiendo y tirándome por las dunas será uno de esos recuerdos esenciales que se me quedarán grabados para siempre de este viaje.
Entre distintas playas de pueblos cercanos, me encantó el fabuloso puerto de Mogan, con un coqueto complejo de casitas blancas y balcones llenos de flores de colores, una visita obligada de la zona sur de la isla y su mirador el mejor lugar para contemplar las vistas de todo el puerto y el horizonte.
De la zona norte conocimos la capital, Las Palmas de Gran Canaria, donde la zona que más me gustó fue el paseo por la Vegueta, con la subida a torre de la catedral de Santa Ana, desde dónde contemplar toda la ciudad y el barrio de Triana. Por la zona del puerto, lo mejor el baño en la playa de Las Canteras.
En esta excursión por el norte no podíamos irnos sin visitar el fabuloso pueblo de Firgas, con una calle impresionante, unas escalinatas en dos partes, en la primera una cascada de agua preciosa y en la segunda unos azoquines con una reproducción de cada una de las islas que forman el archipiélago canario. El pueblo en si es súper pequeño, pero esta zona bien merece una visita.
Teníamos previsto hacer mas excursiones, ya que teniamos alquilado un coche con Cicar durante toda nuestra estancia y entre las visitas previstas estaban el Roque Nublo y el Pico de las Nieves, pero la calima que nos ha acompañado estos días con la que no disfrutaríamos de vista alguna, nos hizo cambiar nuestra idea inicial por un turismo más de sol y playa que hemos disfrutado igualmente.
Han sido unos días únicos, conociendo una isla que todavía no había visitado y que sin duda no me importaría volver en el futuro. Ahora a seguir disfrutando de estas vacaciones del 2017 que hasta el momento están siendo fabulosas y aun quedan aventuras por delante!!!
Cuando a finales del pasado mes
de Julio del año pasado, comenzaba los primeros entrenamientos de esta recién
concluida temporada, recuerdo como tenía en la cabeza que quizás ya había
tocado techo y que sería muy difícil mejorar lo conseguido hasta ese momento.
A las pocas semanas de empezar,
con la llegada de Septiembre, llegó mi ruptura sentimental y con ello un sinfín
de miedos, dudas, cambios… todo ello provocó que me encerrara mucho más en mí y
en el deporte.
Esta situación ha hecho que en lo
personal haya sido mi año más complicado y las mayores alegrías me las haya
dado el deporte y los sentimientos presos dentro de mí solo se liberaban en
cada una de las metas donde alcanzaba alguno de los objetivos que me iba marcando
durante la temporada.
Han sido muchos los entrenamientos,
las series, los cambios de ritmo, con frio o con lluvia y la mayor parte de
ellos en soledad, porque cada vez coincidía menos en ritmo y objetivos con mis
compañeros del club, con los que si compartía las carreras del fin de semana.
La verdad, es que tipo de post en
mi blog, son demasiado egocéntricos, para lo que estoy acostumbrado, pero en
cierta medida me sirven para hacer balance de lo conseguido. Espero no te
canses de leerlo hasta el final…
Llevo cinco temporadas en el Club
de Atletismo Villanueva, en cada una de ellas, he conseguido mejorar temporada
tras temporada mis tiempos, y además este año siendo la persona que más rápido
ha hecho un 10K, una media maratón y un maratón, de todo el Club. Son solo
números que aunque pasan inadvertidos por la mayoría, realmente me hacen sentir
muy feliz, porque a pesar de tener cada vez menos margen de mejora, he seguido
entrenando, dando siempre un poquito más y con constancia y trabajo; los
resultados terminan llegando.
En diez mil, mi mejor tiempo era
36:34, en la carrera de las Aficiones, sin embargo esta temporada coincidió con
el viaje de los runners a Donosti por la Behobia, por lo que no pude correrla,
dejándome casi sin opciones de hacer una MMP en esta distancia. Pero en
Canillejas, una carrera rápida, pero con un perfil nada comparable a las
cuestas hacia abajo de las Aficiones, conseguí bajar un segundo mi marca y en
Enero, en la carrera de Alovera, me planté en meta en 35:47, es decir 47
segundos menos.
En Media Maratón, a la semana
siguiente de mi MMP de Alovera, fui a Getafe, corriendo mi mejor media,
deteniendo el crono en 1h21:38, casi dos minutos menos del tiempo conseguido en
Aranjuez en Marzo del año anterior. En la vida pensé que podría hacer 21km a una
media de 3:52 el kilómetro.
Y por último en Maratón, sin
prepararlo todavía a conciencia, simplemente siguiendo la inercia de la
preparación de la media de Getafe, estuve muy cerca de bajar de las 3 horas en
el maratón de Sevilla, dándome cuenta que el sub 3 horas, es un objetivo que
puedo plantearme claramente para el futuro.
Al margen, completé por primera
vez el circuito provincial de carreras de montaña y volví a quedar quinto de mi
categoría en el circuito de carreras populares de la Diputación, aunque este año
no había trofeo para el quinto como el año anterior. Así que al pódium, solo
pude alzarme en la media maratón de Azuqueca, para recoger el tercer premio
local, al margen de la liga de los rebanadores de mi club.
Desde el maratón de Madrid, que
corrí solo dos meses después de Sevilla, intenté ir cogiendo más la bici, para
acabar la temporada con los triatlones, primero el olímpico de Pareja y por
último el colofón perfecto a la temporada con el triatlón de Guadalajara.
Y ahora en mi cabeza ya están
fluyendo los objetivos para la próxima temporada, donde cómo no podría ser de
otra manera quiero seguir mejorando, porque mientras tenga retos, mi vida
estará llena de ilusión y con ilusión podré disfrutar de vivir cada uno de los
días.
Pasadas unas horas después de alcanzar mi última meta de la temporada, quiero compartir lo que ha supuesto para mí, este mi primer triatlón de media distancia, en mi ciudad, Guadalajara. Las horas previas tenía ese cosquilleo en el estómago de las grandes citas, tenía miedo a la desconocido, porque a penas un par de veces en mi vida había pasado de 90 km en bici y eso lo tenía que juntar con casi 2km de natación por delante y una media maratón por detrás.
Mi hermana, mi cuñado y mi sobrino Carlos, me acompañaron durante el día y mis primeros agradecimientos son para ellos, porque sin ellos, el día se me hubiera hecho realmente eterno.
En Guadalajara recogimos el dorsal y nos hicimos las primeras fotos de rigor.
Y nos fuimos bastante pronto hacía el Azud de Pareja, al llegar parecía que al final haría buen día, nos instalamos como verdaderos domingueros en la playita donde se da la salida del triatlón, nos bañamos, comí mi arrocito, dejé la bici en la T1 y descansé un poco hasta que se diera la salida.
Según se acercaba la hora, el cielo empezaba a encapotarse y las temperaturas a bajar, por lo que se permitió utilizar neopreno en la prueba, yo no tengo neopreno y empezo a preocuparme bastante el frio que pudiera pasar en el agua y sobre todo luego en la bici. A penas eramos 4 o 5 los valientes sin neopreno en la zona de salida.
Y por fin llegó el momento de la salida, me propuse no agobiarme mucho en los golpes de la salida y hacer mi carrera de nado sin demasiados sobresaltos. Saliendo del agua en los tiempos que tenía previsto algo por debajo de 45 minutos, que teniendo en cuenta que en piscina hago el mil en unos 21minutos, no estaba mal. Sinceramente soy realmente malo nadando comparado con la gente que viene a este tipo de pruebas, no soy capaz de seguir la estela de los nadadores y sigo mi propio rumbo de izquierda a derecha que me hace perder demasiado tiempo, pero bueno salí contento.
La transición la hice con menos sobresaltos que en el Triatlón Olímpico de hace unas semanas, me puse mis zapatillas, que ya me acompañarian hasta el final de la prueba, dado que tampoco uso zapatillas automáticas y me alcé a mi bicicleta del Decathlon.
A los pocos metros, me doy cuenta que mi cuentakilómetros no funciona, se ha debido mover el sensor que detecta las revoluciones, pienso en parar, pero soy incapaz de detenerme y me digo bueno, si puedo ver el ritmo en el Garmin.
En los primeros kilómetros, paso a bastantes bicis, entre ellos a Pedro L. (Padawan), que también disputaba su primer triatlón de Guada. Durante la primera subida de Budia, voy acompañado de otros dos chicos que según la rampa uno iba delante del otro, sin poder ir a rueda, dado que esta prohibido. En el km 20, se me empieza a subir el gemelo izquierdo, con lo bien que me sentia, una corriente de temor recorre mi cuerpo, demasiado pronto para tener calambres...intento no agobiarme y bajar un poco las revoluciones.
Una vez en llano, una de los chavales que me acompañó en la subida, se pierde en el horizonte y al otro lo voy dejando atrás, ya que no escucho su pedaleo. Esta zona de la prueba, me parece realmente bonita, en cada pueblo, los ánimos de la gente, las motos de la organización y en especial un Guardia Civil que se detenía a mi lado y me daba ánimos.
Y sin quererlo llegué a Armuña de Tajuña, desde aquí hasta la meta ya era territorio conocido, porque lo estuve entrenando hace un mes o así, pero quedaba la peor subida en Lupiana. Y de allí rumbo a Guadalajara. De las
más de 3 horas y media que se me fué el sector de bici, fui solo más de
dos horas, sin nadie adelante, sin saber si nadie venía a mi
retaguardia. Pero aguantando el ritmo y llegando solo unos minutos después de las 3h30 que tenía entre ceja y ceja.
Luego llegaría la parte de correr, podríamos decir que es mi terreno, pero realmente es dificil coger un buen ritmo con todo lo que llevas en las piernas, aún así mi ritmo trotón me permitía adelantar o desdoblarme de mucha gente y eso al final te da moral. Eso sumado al apoyo de los mios, la gran cantidad de gente que te animaba por las calles de Guadalajara, la batucada del Ayuntamiento y el disponer de avituallamiento cada dos kilómetros es una maravilla.
Ya en la segunda vuelta, de las cuatro que formaban el recorrido a pie, empiezo a echar cuentas y veo factible bajar de las 6 horas y no me rindo hasta el final. Hasta llegar a la meta y alzar los brazos porque lo había conseguido.
Escribiendo estas palabras, te acuerdas de mucha gente, de mi hermano Gaspar, que sin él todo esto no sería lo mismo, y también en Edu, que me metió en este mundillo del triatlón y acaba de convertirse en el primer miembro de nuestro Club de Villanueva en terminar un Iron Man, en Vitoria. Todo un ejemplo de superación.
Para acabar, me encantaria felicitar al Club Triatlón Guadalajara, la prueba tiene una organización magnífica y eso es posible gracias a ellos y a la cantidad de deportistas alcarreños que se vuelcan como voluntarios en la prueba, a veces nos cuesta valorar las cosas que tenemos en casa y deberiamos darnos cuenta que en deporte, Guadalajara tiene gente impresionante y aquí esta el ejemplo.
Ahora a descansar, hacer balance de la temporada deportiva que termina y empezar a llenarse de ilusiones para la próxima.
Normalmente utilizo este espacio, para hablar de mis viajes, mis
experiencias, de todo aquello que quiero compartir y poder rescatar en
cualquier momento de mi futuro. Hoy lo utilizaré para compartir una
carta escrita por mi hermano Gaspar, que comparto en su totalidad.
El ambiente del fútbol es indignante
Soy
aficionado al fútbol y seguidor del Atlético de Madrid. El pasado día
10 de Mayo, asistí junto con mi hermano, seguidor del Real Madrid, al
partido de vuelta de la semifinal de la Liga de Campeones en el Estadio
Vicente Calderón.
No vivimos en Madrid y no somos asiduos a
acudir a los estadios, pero nos encanta el deporte en general y el
fútbol en particular, y asistir a ese partido era un regalo que
pretendía disfrutar juntos de un encuentro tan emocionante. Ese día salí
pronto de mi trabajo, preparé unos bocatas, me puse la camiseta de mi
equipo, cogí mi bufanda de aficionado atlético y me fui a esperar a mi
hermano a la salida de su trabajo.
Sobre las 19:00 estábamos en
las inmediaciones del Estadio Vicente Calderón. El ambiente se palpaba
tenso. Nos disponíamos a sentarnos a merendar cuando dos policías nos
indicaron que en ese lugar no podía ser porque por ahí iban a llegar los
aficionados del Real Madrid. Por lo que buscamos otro sitio para tomar
nuestra merienda. Mi hermano prudente y retenido en sus sentimientos no
sacó de su mochila la camiseta del Real Madrid.
Tras merendar
dimos un paseo por los alrededores del estadio y tomamos unas fotos de
recuerdo, y cuando vimos que abrían las puertas del estadio, decidimos
aproximarnos a nuestra puerta de acceso en el lado norte del estadio. De
repente empezamos a ver botellas de agua y botes de refresco salir
volando en dirección a la policía y a los aficionados del Real Madrid
que llegaban juntos y escoltados. Asustados, nos quedamos quietos junto a
las paredes del estadio mientras seguíamos contemplando una batalla
campal verdaderamente indignante. Esperamos unos minutos hasta que
pudimos avanzar y llegar a nuestra puerta. Noté una sensación de alivio
cuando ingresamos al interior del estadio y encontramos nuestros
asientos.
Estábamos en la grada baja del Fondo Norte, justo
debajo de los aficionados del Real Madrid. Aquella separación, entre
unos aficionados y otros, lógicamente impedía la violencia física, pero
la violencia verbal era mayúscula con insultos y gestos de todo tipo de
manera recíproca.
Los equipos salieron a calentar y tanto mi
hermano como yo comentamos lo incómodos que nos encontrábamos en ese
ambiente y que, desde luego, no había sido muy buena idea acudir al
fútbol.
El partido comienza y el Atlético de Madrid muy pronto
hace su primer gol. En ese contexto, una gran cantidad de aficionados
del Atlético de Madrid en vez de aplaudir y animar a su equipo lo que
hicieron es girarse hacía los aficionados del Real Madrid y hacerles
cortes de mangas, peinetas e insultarles gravemente. Poco después llega
el segundo gol y la situación se repite y nuestra sensación de
incomprensión ante lo que estamos viviendo se hace cada vez más y más
desagradable.
Al filo del descanso, el Real Madrid marca su gol y
el ambiente se vuelve todavía más tenso pero con los aficionados en
papeles cambiados. En ese instante, recordé a mi hermanoque
controlase sus impulsos y que desde luego, dejase su camiseta quieta en
su mochila; a lo que él me devolvió una pequeña sonrisa cómplice.
Durante
el encuentro y al final del mismo, pudimos ver gestos y adivinar
expresiones de distintos jugadores que tampoco ayudan nada a mejorar el
clima de respeto y deportividad que un evento de esta magnitud debería
vivir.
Me dirijo desde aquí a todos los responsables de generar
esta violencia, a todos los dirigentes de clubes, a aquellos políticos
que no ven el problema por ningún lado, a todo el que hace un comentario
desafortunado, a aquellos jugadores que son ídolos de mucha gente y que
no dan ningún buen ejemplo, a todos aquellos falsos aficionados, que
lejos de ver el fútbol, se dedican a sembrar discordia con insultos muy
graves y canticos hirientes con letras llenas de mal gusto.
Muy
señores míos, yo fui al fútbol con la ilusión de ver remontar al
Atlético de Madrid, pero también a pasar una tarde fantástica con mi
hermano, disfrutando del juego, disfrutando de la puesta en escena, del
coraje y la lucha de los míos, pero también, y por qué no, de la clase y
la habilidad técnica de los otros.
No entiendo por qué alrededor
del fútbol se permite todo. La mayoría tenemos algún familiar o
compañero de trabajo del otro equipo, y no creo que en las reuniones
familiares o en la oficina nadie vaya insultado al otro por ser
aficionado contrario. Pienso que ningún responsable de todo este circo
debería permitir actitudes como las que he estado relatando. Por encima
de ganar o perder debería estar defender la educación y el
comportamiento cívico.
Llámame iluso por que tenga una ilusión,
que los responsables formen a los aficionados en el arte de cantar y
animar desde el respeto, y que lo contrario se persiga y no se permita.
Llámame
iluso por que tenga una ilusión, que los clubes formen a sus jugadores y
entrenadores en el arte de jugar y luchar desde el respeto, y que lo
contrario igualmente se persiga y no se permita.
Llámame iluso por que tenga una ilusión, que los responsables lo sean realmente.
Llámame iluso por que tenga una ilusión, que pueda ir con mi hermano a un derbi y cada uno con la camiseta de su equipo puesta.
Estas
palabras son la crónica de un viaje inolvidable visitando Atenas, en una
delgada línea entre lo que fue y ya no es y lo que pudo haber sido y no será.
Siempre recordaré la primera vista que tengo de
Atenas al salir del metro de Thisio; el Acrópolis coronando el horizonte; una
corriente de emoción recorrió todo mi cuerpo, al sentirme en una zona tan
emblemática.
Para alojarme había elegido como en Copenhage un
hostel, en este caso mucho más familiar, pero muy cómodo, bien ubicado y con un
intercambio cultural increíble que es una de las experiencias necesarias cuando
haces viajes de este tipo. Su nombre Chameleon Youth Hostel.
En apenas dos minutos tenía el paseo que bordeaba
una de las faldas de la montaña del Acrópolis así que las primeras horas las
dediqué a ubicarme, con el mapa en mis manos (único momento que el mapa fue
necesario en todo el viaje, dado que en Atenas es muy fácil orientarse). Rodee el
Acrópolis, llegué a la plaza Sintagma, con el palacio real al lado e hice ni
primera intrusión disfrutando de la cocina griega, probando un gyros de cerdo.
Algo tenía Atenas que me estaba enganchando y lo mejor aún estaba por llegar.
El segundo día por Atenas fue fabuloso, tenía una
reserva en un tour gratuito a primera hora de la mañana. Acompañados de
Dimitri, un nutrido grupo de españoles y castellano hablantes nos adentramos en
la historia griega, gracias a las sapiencias de nuestro guía.Recorrimos el barrio de Plaka, disfrutando de
su tranquilidad en pleno centro de la ciudad y penetrar en Anafiotika, una
pequeña zona justo en una de las faldas del Acrópolis, con callejuelas y
casitas de color blanco y ventanas azules. Un oasis en mitad de la ciudad, como
si estuviéramos en una isla.
El tour fue fabuloso, Dimitri no solo nos llevo
por los puntos más característicos también nos aconsejó sobre que merecía la
pena visitar, también sobre la comida cuánto era lo normal pagar, que
ingredientes llevaba esto o aquello, y alguna que otra lección filosófica como
aquella de "compramos aquello que no necesitamos, con un dinero que no
tenemos para impresionar a una gente que en la mayoría de casos ni
conocemos" todo un crack y gran recuerdo haber pasado estas más de tres
horas de un tour en el que se pagaba la voluntad. Ese día comí con un grupito
de españoles que estaban haciendo la ruta Sofía, Atenas, Roma, como nos pusimos
comiendo en una clásica taberna griega muchos de los platos característicos
griegos, todo riquísimo.
Esa tarde Atenas me terminó de enamorar. Subí a
la colina de Licabeto y contemplé toda la ciudad desde las alturas. Un sin fin
de casas se abrían paso en todo el horizonte, desapareciendo entre las montañas
y el mar. Fue precioso contemplar la puesta de sol, un lugar mágico, idílico.
El tercer día era el elegido para entrar dentro
de la historia, visité todas las ruinas del Acrópolis, el Partenón y si, son
ruinas pero se respira una grandeza únicas. Fuera del Acrópolis, la zona que más
me gustó fue el Ágora Antigua donde se encuentra uno de los templos mejor
conservados con la mismas características que el Partenón, el Templo de Hefesto.
Una mañana en la que patee bien la ciudad, penetrando en su historia y tras
acabar para reponer fuerzas me comí mi primera musaka, plato típico griego.
Por la tarde hice una excursión hacia el Cabo Sunion,
donde se encuentra el Templo de Poseidon y desde donde contemple una puesta de
sol aún más impresionante que la del día anterior, mereció la pena el largo
paseo en bus por toda la costa ateniense a lo largo del golfo sarónico.
El cuarto día visite la zona del Pireo, donde
atracan las megacruceros. El Pireo en si no me gustó, una serie de calles con
tiendas de souvenirs intentando cazar al turista, mucho ruido, coches, estrés,
que contrastan con la tranquilidad del centro de Atenas. De vuelta me pasee por
el estadio del Olimpiakos y me relaje en una playita cogiendo el tranvía hacia
la zona de Glyfada.
Esa tarde viví uno de los momentos más memorables
de todo el viaje visitando el estadio donde se disputaron los primeros juegos
olímpicos de la era moderna, construido en la misma zona de los juegos
antiguos, una maravilla con un imponente graderío de mármol y mientras daba la
vuelta a la pista lo que cualquiera pensaría que se trataba de una salida del
estadio era una cavidad, un pasadizo que cruzaba la montaña en la que se
encuentra encajonado el estadio y que comunicaba con el otro lado y albergaba
la sala de prensa y un museo con los carteles oficiales de todos los juegos. A
los que nos gusta el deporte en general y el atletismo en particular se nos
viene a la cabeza lo que debe ser entrar en ese estadio en un maratón,
buff. Este pequeño vídeo reúne un poco todas las sensaciones de ese
ratito en el estadio Panatinaico.
Y poco antes del anochecer, subi al monte
Filopapos, sin duda el mejor lugar para fotografiar el Partenón, porque aunque
no tenga tanta altura como Licabetos, se encuentra mucho más cerca de la
Acrópolis.
El quinto día tenia contratado un crucero por
varias islas griegas, no sé si porque tenía unas altas expectativas en esta
excursión o por la razón que fuera, no cumplió mis expectativas, supongo que
porque no conjugo mucho con los aires de grandeza que rodean todo el tema de
los cruceros. Pero para mí el todo vale y un día es un día para pagar más y más
dinero por cosas que no tienen el valor que te hacen pagar no encaja conmigo. Y
si que es verdad que te recogen en tu hotel, te llevan a tres islas, te dan de
comer y regresas a tu hotel unas 14horas después por poca más de 100€. Pero
para mí un todo incluido en español es eso, todo y español. Eso parecía la ONU,
si que los miembros de la tripulación hablan español pero no era lo esperado y
que claro, en el todo incluido no están incluidas las excursiones de cada isla
y sinceramente que te cobren 20€ por un paseo de una hora no lo veo, eso, o que
en la comida las bebidas se pagarán a precio de un riñón porque la escasa
variedad de comida estaba incluida en el todo, pero la bebida iba aparte.
Lógicamente al final en parte caes en ese juego del todo vale..en el que te
llevan como corderitos de un lado a otro.
De las islas la que más me llamó la atención fue
la primera. Hydra. Una curiosa isla en la que no se usaba el coche privado y la
gente aún se movía en burro. Me encantó pasear por sus callejuelas, ir hacía un
lado y otro del puerto, contemplar las pozas donde se bañaba la gente, en fin
un buen lugar para perderse.
La segunda isla, fue Poros, en la que apenas
estuvimos un rato, no pudiendo más que contemplar las vistas desde la Torre del
Reloj, punto más alto de la isla.
Y por último, Egina, conocida como la isla de los
pistachos, ya que la mayor parte de la isla se dedica a la plantación del árbol
que da como fruto los pistachos, en su interior visitamos el monasterio de San
Nectario, pero no hubo opción de conocer el Templo de Afaya, que forma el
conocido tríangulo sagrado, junto con el Partenón y el Templo Poseidon de Cabo
Sunion.
A la vuelta a Atenas, a disfrutar de la última
cena griega, pasear por la animada zona del Monasteraki y contemplar como la
luna llena aparecía entre la Acrópolis, la mejor manera de despedirme de la
noche ateniense.
Y llegó el sexto y último día de mi aventura, aún
quedaban las últimas fotos desde el Areopagos, la colina de Ares, lugar de
peregrinación, donde el apóstol San Pablo llegó para extender el cristianismo.
Y tras los últimos paseos, entre Anafiotika, Plaka, las tiendas de recuerdos,
llegó el momento de la despedida de esta ciudad que me ha dejado encandilado.
Este viaje era muy especial para mí, no es fácil
viajar solo y más cuando el origen de esta aventura tenía otra meta muy
distinta a la vivida finalmente. Pero ha merecido la pena, ha sido una
experiencia fabulosa, conocer la historia griega, y algo de su mitología,
descubrir que los griegos son muy parecidos en costumbres a nosotros, ya sea
por las horas de luz o por la dieta mediterránea. Ay! lo bien que bien he
comido estos días, el primer viaje que no he tenido la necesidad de acabar en
un italiano o en elMcDonald de turno,
porque los platos griegos estaban riquísimos, la Musaka, los Gyros, Pastitsio,
cualquier verdura a la plancha, rebozada o rellena, y los yogures, con miel,
frutas, nueces, … un sinfín de platos y todos riquísimos, con sabores
originales, sin especias que adulterasen la naturaleza de nada.
Han sido tantos los recuerdos, he conocido a
tanta gente, he compartido tantos momentos y sobre todo viajando de esta
manera, he estado acompañado de la una única persona que nunca nos falla, uno
mismo. Mi soledad y yo, en un viaje en Atenas inolvidable, penetrando en la
historia de un imperio y en la historia de uno mismo, lo que fue y ya no es y
lo que pudo haber sido y no será.