martes, 22 de abril de 2014

Una tarde cruzando Portugalete y Getxo



A unas cuentas paradas de metro desde Bilbao, se llega cómodamente a Portugalete, famoso por el puente colgante de Bizcaia que cruza la ría y comunica con Getxo. Cuando llegas a su centro urbano, te das cuenta que entre sus empedradas y pendientes calles puedes hallar un gran número de puntos de interés; como  la Basilica de Santa María, desde donde tienes unas vistas impresionantes del puente colgante. Al lado tienes la torre Salazar y a lo largo de la ría un precioso paseo que bien merece la pena pasear y disfrutar.

El puente colgante, es uno de esos puntos que hacen diferente a un lugar, a los que amamos la Torre Eiffel, nos recuerda bastante a ella y es normal, porque es una obra contemporánea al símbolo Parisino. Sin duda el puente colgante ha sido el punto turístico construido por el hombre que más me ha gustado de toda mi estancia en Vizcaya,  es super curioso ver como los coches hacen cola esperando poder subir a su transbordador y cruzar al otro lado. Para cruzar el puente tienes dos opciones o bien por el transbordador por unos poco céntimos con tu tarjeta Barik o bien a través de la pasarela superior que tiene un mayor reclamo turístico y cuesta 7 euros.

Cruzando a Getxo…

Cuando llegas al otro lado, ves una población más grande, más moderna, más ordenada, sin tanto patrimonio, ni calles empedradas. Junto a la playa de las Arenas, un paseo que se introducía a la desembocadura de la ría y el mar, con un parque precioso, en el que descubres todo un conjunto ribereño de gran belleza, rodeado de palacetes y mansiones.
 
El atardecer es realmente precioso, viendo como se esconde el sol, por el cercano Santurce y aunque reconozco que Portugalete me gustó más, reconozco que Getxo tiene algo que sus vecinos no tienen, y son las vistas del pueblo de enfrente. 
 
De nuevo al metro desde Getxo, tras disfrutar de una tarde magnifica con el recuerdo del puente de Bizcaia aún en mi retina.

domingo, 20 de abril de 2014

Una Semana Santa alejada del Tambor



Normalmente la semana santa me lleva a Hellin, Ciudad del Tambor a vivir al lado de mi familia, procesiones y  tambores, pero este año aprovechando que mi hermano Juan tiene casa en Basauri al lado de Bilbao, planteé unos días diferentes donde alejarme de lo de siempre y descubrir los pueblecitos cercanos de Bilbao, descansar, desconectar del trabajo y tener la posibilidad de entrenar tranquilamente en un idílico paisaje de mar y montaña.
 
No puedo negar que en muchos momentos me gustaría haber estado en Hellín y ver a mis padres que ya llevo demasiadas semanas sin estar con ellos y también poder ver a mis primos y tíos, porque ya hasta otro año será difícil coincidir con todos ellos, pero creo que este viaje era una oportunidad y no había que dejarla escapar.

En los próximos días iré publicando, mi experiencia en cada uno de los pueblecitos que he visitado, como Portugalete, Getxo, Plentzia, Durango o Bermeo. Unos lugares, pequeñitos, alejados del mundanal ruido de la ciudad, pero pueblecitos con encanto que han conseguido que disfrute al máximo de esta semana de vacaciones.

En primer lugar, quiero hacer una reseña a Basauri, pueblo obrero con unas cuestas infernales, donde he dormido todos estos días, desde donde partían mis excursiones y mis entrenamientos  por esos caminos junto a la ría que cada día me llevaban a un sitio, subiendo y bajando, descubriendo la naturaleza del Norte y llegando a Bilbao por unas rutas que me han hecho más que nunca juntar dos de mis grandes pasiones, viajar y el deporte. Y dónde también he ido al cine por 5€ a ver una película, en el que pude contemplar que los vascos tienen sentido del humor y se pueden reír de si mismos. 

En definitiva unos días maravillosos en Vizcaya, con un tiempo inmejorable que ha hecho cargar las pilas hasta el verano y descubrir que si el Norte es bonito, con un poquito de sol como en esta ocasión lo es si cabe aún más.

martes, 1 de abril de 2014

Un fin de semana diferente en Segovia



Había ido muchas veces a Segovia, algunas veces de turismo para ver el acueducto, las calles hacía la Plaza Mayor, la catedral, el Alcázar. Otros días habíamos ido a comer el típico cochinillo. En otras ocasiones solo de pasada tras visitar otros lugares como La Granja, pero nunca hasta ahora había corrido por sus calles.

Este año el viaje de Atletismo nos trajo hasta aquí, tras risas, comilonas, tapeo y mucho buenos momentos, llegó la hora de la carrera.

Un ambiente fabuloso rodeaba el acueducto con 3000 atletas, bandas de música, militares, paracas y mucha gente volcada en la carrera.

El recorrido fue increíble, muy duro si, pero realmente único, pasando por todos los puntos turísticos de la ciudad, me encantó a mitad de la prueba y tras una cuesta de órdago pasas por el acueducto, con cientos de personas animando, o el paso por el Alcázar, ese trocito de arena de playa junto al río, las vistas que tienes de la ciudad desde el parque que cruzas por completo, ese giro de 270º grados en donde pasas por encima de un puente que acabas de sortear por abajo, la lluvia y en especial la gente, solo superado en mi experiencia en la Behobía, pero comparable.

Los últimos metros, llegando de nuevo al acueducto, son un final difícilmente mejorable.

Grandes momentos y sensaciones en las que he vuelto a sentir que el corredor popular a pesar del sufrimiento se siente importante.

domingo, 16 de marzo de 2014

El peor compañero del deporte: Las Lesiones



Cuando hablamos de deporte, pensamos en los entrenamientos, las competiciones, las victorias, las derrotas, en momentos duros y sobre todo en muchos momentos alegres. Pero todos los que hacemos deporte, el que más o el que menos ha sufrido alguna lesión.

Yo recuerdo muy bien, todo lo que sufría en estas fechas hace siete años, cuando jugando al fútbol 7 me partí el escafoides, cuando me hicieron la radiografía vieron que me había destrozado la muñeca izquierda y me tuvieron que operar de urgencia; 4 meses de escayola en los que me quede con un brazito que daba pena mirarme y sobre todo una rehabilitación muy dura, porque mi brazo se había quedado completamente rígido y sin fuerza.

Pasé malos momentos entonces, pero no me rendí y aunque muchos no entendían por qué tenía tantas ganas de seguir jugando, volví a jugar, volví a ser el que era.

Sólo dos años después de la primera operación, pero poco más de un año de mi vuelta, fue la rodilla, una rotura de asa de cubo de menisco interno y rotura parcial del LCA, nuevo paso por el quirófano y una rehabilitación no tan dura como la anterior, pero si muy dolorosa e intensa, hubo días que estaba hasta 7 horas al día, haciendo bici, nadando, con ejercicios en casa y con la rehabilitación de Cristina mi fisio, de la Sanz Vazquez que ya me había tratado con el brazo.

Desde entonces no he vuelto a pasar por el quirófano, pero solo un año más tarde de la rodilla, en una mala caída me rompí el radio, a la altura casi de la muñeca, la misma muñeca ya operada, pensaba que tendría que volver a pasar por lo mismo, pero esta vez evite el quirófano, y la escayola solo me duro mes y medio, la rehabilitación de nuevo con Cristina, fue dura pero mucho más rápida que las anteriores, pero me acababa de cambiar de trabajo, comprar mi coche, había pagado la entrada de mi casa, en definitiva había madurado y durante muchos días me plantee dejar el fútbol, no sólo por mí, porque yo sacaría de nuevo fuerzas para afrontar una nueva rehabilitación, si llegase el caso, si no más por las personas que estaban a mí lado y sufrían por mi sufrimiento, y también por las consecuencias profesionales que las lesiones pueden acarrearte en tu vida.

Mucho ha pasado desde entonces, no soy el mismo, aprendí;  por ahí dicen que lo no te mata te hace más fuerte y a mí me hizo ser muy fuerte, sobre todo mentalmente. Aún hoy, muchos consideran que debería haber dejado el deporte entonces, porque raro es el día que no vuelvo con un dolor, un golpe, una herida, pero sinceramente a mí me merece la pena, yo quiero ser quien dirija mi vida y que no sea ella la que me lleve a donde otros me digan, está claro que debes escuchar, pero sobre todo a ti mismo, a tú cuerpo, por qué ante una adversidad, como es una lesión, aparece un nuevo reto, un objetivo, una meta, no te rindas y no dejes de hacer nada que te encanta mientras puedas.

 
Yo sigo jugando al fútbol, quizás ya no, con la intensidad de entonces, porque aprendes y llevas las cosas a un punto más sostenible y llenas ese vació de competitividad con otras cosas cómo el atletismo, pero en definitiva con deporte, porque pase lo que pase, mientras pueda y yo quiera el deporte guiará mi vida.


PD: Todas las fotos son de lesiones, golpes, heridas y operaciones mías, en definitiva de experiencias vividas, con las que nunca he tirado la toalla.