domingo, 16 de julio de 2017

Resumen de una temporada para el recuerdo



Cuando a finales del pasado mes de Julio del año pasado, comenzaba los primeros entrenamientos de esta recién concluida temporada, recuerdo como tenía en la cabeza que quizás ya había tocado techo y que sería muy difícil mejorar lo conseguido hasta ese momento.


A las pocas semanas de empezar, con la llegada de Septiembre, llegó mi ruptura sentimental y con ello un sinfín de miedos, dudas, cambios… todo ello provocó que me encerrara mucho más en mí y en el deporte.

Esta situación ha hecho que en lo personal haya sido mi año más complicado y las mayores alegrías me las haya dado el deporte y los sentimientos presos dentro de mí solo se liberaban en cada una de las metas donde alcanzaba alguno de los objetivos que me iba marcando durante la temporada.

Han sido muchos los entrenamientos, las series, los cambios de ritmo, con frio o con lluvia y la mayor parte de ellos en soledad, porque cada vez coincidía menos en ritmo y objetivos con mis compañeros del club, con los que si compartía las carreras del fin de semana. 


La verdad, es que tipo de post en mi blog, son demasiado egocéntricos, para lo que estoy acostumbrado, pero en cierta medida me sirven para hacer balance de lo conseguido. Espero no te canses de leerlo hasta el final…

Llevo cinco temporadas en el Club de Atletismo Villanueva, en cada una de ellas, he conseguido mejorar temporada tras temporada mis tiempos, y además este año siendo la persona que más rápido ha hecho un 10K, una media maratón y un maratón, de todo el Club. Son solo números que aunque pasan inadvertidos por la mayoría, realmente me hacen sentir muy feliz, porque a pesar de tener cada vez menos margen de mejora, he seguido entrenando, dando siempre un poquito más y con constancia y trabajo; los resultados terminan llegando.

En diez mil, mi mejor tiempo era 36:34, en la carrera de las Aficiones, sin embargo esta temporada coincidió con el viaje de los runners a Donosti por la Behobia, por lo que no pude correrla, dejándome casi sin opciones de hacer una MMP en esta distancia. Pero en Canillejas, una carrera rápida, pero con un perfil nada comparable a las cuestas hacia abajo de las Aficiones, conseguí bajar un segundo mi marca y en Enero, en la carrera de Alovera, me planté en meta en 35:47, es decir 47 segundos menos. 


 


En Media Maratón, a la semana siguiente de mi MMP de Alovera, fui a Getafe, corriendo mi mejor media, deteniendo el crono en 1h21:38, casi dos minutos menos del tiempo conseguido en Aranjuez en Marzo del año anterior. En la vida pensé que podría hacer 21km a una media de 3:52 el kilómetro.


Y por último en Maratón, sin prepararlo todavía a conciencia, simplemente siguiendo la inercia de la preparación de la media de Getafe, estuve muy cerca de bajar de las 3 horas en el maratón de Sevilla, dándome cuenta que el sub 3 horas, es un objetivo que puedo plantearme claramente para el futuro.


Al margen, completé por primera vez el circuito provincial de carreras de montaña y volví a quedar quinto de mi categoría en el circuito de carreras populares de la Diputación, aunque este año no había trofeo para el quinto como el año anterior. Así que al pódium, solo pude alzarme en la media maratón de Azuqueca, para recoger el tercer premio local, al margen de la liga de los rebanadores de mi club.

Desde el maratón de Madrid, que corrí solo dos meses después de Sevilla, intenté ir cogiendo más la bici, para acabar la temporada con los triatlones, primero el olímpico de Pareja y por último el colofón perfecto a la temporada con el triatlón de Guadalajara. 


Y ahora en mi cabeza ya están fluyendo los objetivos para la próxima temporada, donde cómo no podría ser de otra manera quiero seguir mejorando, porque mientras tenga retos, mi vida estará llena de ilusión y con ilusión podré disfrutar de vivir cada uno de los días.

domingo, 9 de julio de 2017

Triatlón de Guadalajara. Una verdadera experiencia

Pasadas unas horas después de alcanzar mi última meta de la temporada, quiero compartir lo que  ha supuesto para mí, este mi primer triatlón de media distancia, en mi ciudad, Guadalajara. Las horas previas tenía ese cosquilleo en el estómago de las grandes citas, tenía miedo a la desconocido, porque a penas un par de veces en mi vida había pasado de 90 km en bici y eso lo tenía que juntar con casi 2km de natación por delante y una media maratón por detrás.

Mi hermana, mi cuñado y mi sobrino Carlos, me acompañaron durante el día y mis primeros agradecimientos son para ellos, porque sin ellos, el día se me hubiera hecho realmente eterno.

En Guadalajara recogimos el dorsal y nos hicimos las primeras fotos de rigor.


Y nos fuimos bastante pronto hacía el Azud de Pareja, al llegar parecía que al final haría buen día, nos instalamos como verdaderos domingueros en la playita donde se da la salida del triatlón, nos bañamos, comí mi arrocito, dejé la bici en la T1 y  descansé un poco hasta que se diera la salida.

Según se acercaba la hora, el cielo empezaba a encapotarse y las temperaturas a bajar, por lo que se permitió utilizar neopreno en la prueba, yo no tengo neopreno y empezo a preocuparme bastante el frio que pudiera pasar en el agua y sobre todo luego en la bici. A penas eramos 4 o 5 los valientes sin neopreno en la zona de salida.


Y por fin llegó el momento de la salida, me propuse no agobiarme mucho en los golpes de la salida y hacer mi carrera de nado sin demasiados sobresaltos. Saliendo del agua en los tiempos que tenía previsto algo por debajo de 45 minutos, que teniendo en cuenta que en piscina hago el mil en unos 21minutos, no estaba mal. Sinceramente soy realmente malo nadando comparado con la gente que viene a este tipo de pruebas, no soy capaz de seguir la estela de los nadadores y sigo mi propio rumbo de izquierda a derecha que me hace perder demasiado tiempo, pero bueno salí contento.

 

La transición la hice con menos sobresaltos que en el Triatlón Olímpico de hace unas semanas, me puse mis zapatillas, que ya me acompañarian hasta el final de la prueba, dado que tampoco uso zapatillas automáticas y me alcé a mi bicicleta del Decathlon. 


A los pocos metros, me doy cuenta que mi cuentakilómetros no funciona, se ha debido mover el sensor que detecta las revoluciones, pienso en parar, pero soy incapaz de detenerme y me digo bueno, si puedo ver el ritmo en el Garmin.

En los primeros kilómetros, paso a bastantes bicis, entre ellos a Pedro L. (Padawan), que también disputaba su primer triatlón de Guada. Durante la primera subida de Budia, voy acompañado de otros dos chicos que según la rampa uno iba delante del otro, sin poder ir a rueda, dado que esta prohibido. En el km 20, se me empieza a subir el gemelo izquierdo, con lo bien que me sentia, una corriente de temor recorre mi cuerpo, demasiado pronto para tener calambres...intento no agobiarme y bajar un poco las revoluciones.

Una vez en llano, una de los chavales que me acompañó en la subida, se pierde en el horizonte y al otro lo voy dejando atrás, ya que no escucho su pedaleo. Esta zona de la prueba, me parece realmente bonita, en cada pueblo, los ánimos de la gente, las motos de la organización y en especial un Guardia Civil que se detenía a mi lado y me daba ánimos.

Y sin quererlo llegué a Armuña de Tajuña, desde aquí hasta la meta ya era territorio conocido, porque lo estuve entrenando hace un mes o así, pero quedaba la peor subida en Lupiana. Y de allí rumbo a Guadalajara. De las más de 3 horas y media que se me fué el sector de bici, fui solo más de dos horas, sin nadie adelante, sin saber si nadie venía a mi retaguardia. Pero aguantando el ritmo y llegando solo unos minutos después de las 3h30 que tenía entre ceja y ceja.


video

Luego llegaría la parte de correr, podríamos decir que es mi terreno, pero realmente es dificil coger un buen ritmo con todo lo que llevas en las piernas, aún así mi ritmo trotón me permitía adelantar o desdoblarme de mucha gente y eso al final te da moral. Eso sumado al apoyo de los mios, la gran cantidad de gente que te animaba por las calles de Guadalajara, la batucada del Ayuntamiento y el disponer de avituallamiento cada dos kilómetros es una maravilla.


Ya en la segunda vuelta, de las cuatro que formaban el recorrido a pie, empiezo a echar cuentas y veo factible bajar de las 6 horas y no me rindo hasta el final. Hasta llegar a la meta y alzar los brazos porque lo había conseguido.
 

Escribiendo estas palabras, te acuerdas de mucha gente,  de mi hermano Gaspar, que sin él todo esto no sería lo mismo, y también en Edu, que me metió en este mundillo del triatlón y acaba de convertirse en el primer miembro de nuestro Club de Villanueva en terminar un Iron Man, en Vitoria. Todo un ejemplo de superación.

Para acabar, me encantaria felicitar al Club Triatlón Guadalajara, la prueba tiene una organización magnífica y eso es posible gracias a ellos y a la cantidad de deportistas alcarreños que se vuelcan como voluntarios en la prueba, a veces nos cuesta valorar las cosas que tenemos en casa y deberiamos darnos cuenta que en deporte, Guadalajara tiene gente impresionante y aquí esta el ejemplo.

Ahora a descansar, hacer balance de la temporada deportiva que termina y empezar a llenarse de ilusiones para la próxima.


jueves, 11 de mayo de 2017

El ambiente del fútbol es indignante

Normalmente utilizo este espacio, para hablar de mis viajes, mis experiencias, de todo aquello que quiero compartir y poder rescatar en cualquier momento de mi futuro. Hoy lo utilizaré para compartir una carta escrita por mi hermano Gaspar, que comparto en su totalidad. 


El ambiente del fútbol es indignante 

Soy aficionado al fútbol y seguidor del Atlético de Madrid. El pasado día 10 de Mayo, asistí junto con mi hermano, seguidor del Real Madrid, al partido de vuelta de la semifinal de la Liga de Campeones en el Estadio Vicente Calderón. 

No vivimos en Madrid y no somos asiduos a acudir a los estadios, pero nos encanta el deporte en general y el fútbol en particular, y asistir a ese partido era un regalo que pretendía disfrutar juntos de un encuentro tan emocionante. Ese día salí pronto de mi trabajo, preparé unos bocatas, me puse la camiseta de mi equipo, cogí mi bufanda de aficionado atlético y me fui a esperar a mi hermano a la salida de su trabajo. 

Sobre las 19:00 estábamos en las inmediaciones del Estadio Vicente Calderón. El ambiente se palpaba tenso. Nos disponíamos a sentarnos a merendar cuando dos policías nos indicaron que en ese lugar no podía ser porque por ahí iban a llegar los aficionados del Real Madrid. Por lo que buscamos otro sitio para tomar nuestra merienda. Mi hermano prudente y retenido en sus sentimientos no sacó de su mochila la camiseta del Real Madrid. 

Tras merendar dimos un paseo por los alrededores del estadio y tomamos unas fotos de recuerdo, y cuando vimos que abrían las puertas del estadio, decidimos aproximarnos a nuestra puerta de acceso en el lado norte del estadio. De repente empezamos a ver botellas de agua y botes de refresco salir volando en dirección a la policía y a los aficionados del Real Madrid que llegaban juntos y escoltados. Asustados, nos quedamos quietos junto a las paredes del estadio mientras seguíamos contemplando una batalla campal verdaderamente indignante. Esperamos unos minutos hasta que pudimos avanzar y llegar a nuestra puerta. Noté una sensación de alivio cuando ingresamos al interior del estadio y encontramos nuestros asientos. 


Estábamos en la grada baja del Fondo Norte, justo debajo de los aficionados del Real Madrid. Aquella separación, entre unos aficionados y otros, lógicamente impedía la violencia física, pero la violencia verbal era mayúscula con insultos y gestos de todo tipo de manera recíproca. 

Los equipos salieron a calentar y tanto mi hermano como yo comentamos lo incómodos que nos encontrábamos en ese ambiente y que, desde luego, no había sido muy buena idea acudir al fútbol. 

El partido comienza y el Atlético de Madrid muy pronto hace su primer gol. En ese contexto, una gran cantidad de aficionados del Atlético de Madrid en vez de aplaudir y animar a su equipo lo que hicieron es girarse hacía los aficionados del Real Madrid y hacerles cortes de mangas, peinetas e insultarles gravemente. Poco después llega el segundo gol y la situación se repite y nuestra sensación de incomprensión ante lo que estamos viviendo se hace cada vez más y más desagradable. 

Al filo del descanso, el Real Madrid marca su gol y el ambiente se vuelve todavía más tenso pero con los aficionados en papeles cambiados. En ese instante, recordé a mi hermano que controlase sus impulsos y que desde luego, dejase su camiseta quieta en su mochila; a lo que él me devolvió una pequeña sonrisa cómplice. 

Durante el encuentro y al final del mismo, pudimos ver gestos y adivinar expresiones de distintos jugadores que tampoco ayudan nada a mejorar el clima de respeto y deportividad que un evento de esta magnitud debería vivir. 

Me dirijo desde aquí a todos los responsables de generar esta violencia, a todos los dirigentes de clubes, a aquellos políticos que no ven el problema por ningún lado, a todo el que hace un comentario desafortunado, a aquellos jugadores que son ídolos de mucha gente y que no dan ningún buen ejemplo, a todos aquellos falsos aficionados, que lejos de ver el fútbol, se dedican a sembrar discordia con insultos muy graves y canticos hirientes con letras llenas de mal gusto. 

Muy señores míos, yo fui al fútbol con la ilusión de ver remontar al Atlético de Madrid, pero también a pasar una tarde fantástica con mi hermano, disfrutando del juego, disfrutando de la puesta en escena, del coraje y la lucha de los míos, pero también, y por qué no, de la clase y la habilidad técnica de los otros. 

No entiendo por qué alrededor del fútbol se permite todo. La mayoría tenemos algún familiar o compañero de trabajo del otro equipo, y no creo que en las reuniones familiares o en la oficina nadie vaya insultado al otro por ser aficionado contrario. Pienso que ningún responsable de todo este circo debería permitir actitudes como las que he estado relatando. Por encima de ganar o perder debería estar defender la educación y el comportamiento cívico. 

Llámame iluso por que tenga una ilusión, que los responsables formen a los aficionados en el arte de cantar y animar desde el respeto, y que lo contrario se persiga y no se permita. 

Llámame iluso por que tenga una ilusión, que los clubes formen a sus jugadores y entrenadores en el arte de jugar y luchar desde el respeto, y que lo contrario igualmente se persiga y no se permita. 

Llámame iluso por que tenga una ilusión, que los responsables lo sean realmente. 

Llámame iluso por que tenga una ilusión, que pueda ir con mi hermano a un derbi y cada uno con la camiseta de su equipo puesta. 

Gaspar García Serrano

sábado, 15 de abril de 2017

Atenas: Semana Santa 2017



Estas palabras son la crónica de un viaje inolvidable visitando Atenas, en una delgada línea entre lo que fue y ya no es y lo que pudo haber sido y no será.

Siempre recordaré la primera vista que tengo de Atenas al salir del metro de Thisio; el Acrópolis coronando el horizonte; una corriente de emoción recorrió todo mi cuerpo, al sentirme en una zona tan emblemática. 

Para alojarme había elegido como en Copenhage un hostel, en este caso mucho más familiar, pero muy cómodo, bien ubicado y con un intercambio cultural increíble que es una de las experiencias necesarias cuando haces viajes de este tipo. Su nombre Chameleon Youth Hostel.
 
En apenas dos minutos tenía el paseo que bordeaba una de las faldas de la montaña del Acrópolis así que las primeras horas las dediqué a ubicarme, con el mapa en mis manos (único momento que el mapa fue necesario en todo el viaje, dado que en Atenas es muy fácil orientarse). Rodee el Acrópolis, llegué a la plaza Sintagma, con el palacio real al lado e hice ni primera intrusión disfrutando de la cocina griega, probando un gyros de cerdo. Algo tenía Atenas que me estaba enganchando y lo mejor aún estaba por llegar.
 
El segundo día por Atenas fue fabuloso, tenía una reserva en un tour gratuito a primera hora de la mañana. Acompañados de Dimitri, un nutrido grupo de españoles y castellano hablantes nos adentramos en la historia griega, gracias a las sapiencias de nuestro guía.  Recorrimos el barrio de Plaka, disfrutando de su tranquilidad en pleno centro de la ciudad y penetrar en Anafiotika, una pequeña zona justo en una de las faldas del Acrópolis, con callejuelas y casitas de color blanco y ventanas azules. Un oasis en mitad de la ciudad, como si estuviéramos en una isla. 
 
El tour fue fabuloso, Dimitri no solo nos llevo por los puntos más característicos también nos aconsejó sobre que merecía la pena visitar, también sobre la comida cuánto era lo normal pagar, que ingredientes llevaba esto o aquello, y alguna que otra lección filosófica como aquella de "compramos aquello que no necesitamos, con un dinero que no tenemos para impresionar a una gente que en la mayoría de casos ni conocemos" todo un crack y gran recuerdo haber pasado estas más de tres horas de un tour en el que se pagaba la voluntad. Ese día comí con un grupito de españoles que estaban haciendo la ruta Sofía, Atenas, Roma, como nos pusimos comiendo en una clásica taberna griega muchos de los platos característicos griegos, todo riquísimo.
 
Esa tarde Atenas me terminó de enamorar. Subí a la colina de Licabeto y contemplé toda la ciudad desde las alturas. Un sin fin de casas se abrían paso en todo el horizonte, desapareciendo entre las montañas y el mar. Fue precioso contemplar la puesta de sol, un lugar mágico, idílico.

  
El tercer día era el elegido para entrar dentro de la historia, visité todas las ruinas del Acrópolis, el Partenón y si, son ruinas pero se respira una grandeza únicas. Fuera del Acrópolis, la zona que más me gustó fue el Ágora Antigua donde se encuentra uno de los templos mejor conservados con la mismas características que el Partenón, el Templo de Hefesto. Una mañana en la que patee bien la ciudad, penetrando en su historia y tras acabar para reponer fuerzas me comí mi primera musaka, plato típico griego.




Por la tarde hice una excursión hacia el Cabo Sunion, donde se encuentra el Templo de Poseidon y desde donde contemple una puesta de sol aún más impresionante que la del día anterior, mereció la pena el largo paseo en bus por toda la costa ateniense a lo largo del golfo sarónico.

 

El cuarto día visite la zona del Pireo, donde atracan las megacruceros. El Pireo en si no me gustó, una serie de calles con tiendas de souvenirs intentando cazar al turista, mucho ruido, coches, estrés, que contrastan con la tranquilidad del centro de Atenas. De vuelta me pasee por el estadio del Olimpiakos y me relaje en una playita cogiendo el tranvía hacia la zona de Glyfada.

 
Esa tarde viví uno de los momentos más memorables de todo el viaje visitando el estadio donde se disputaron los primeros juegos olímpicos de la era moderna, construido en la misma zona de los  juegos antiguos, una maravilla con un imponente graderío de mármol y mientras daba la vuelta a la pista lo que cualquiera pensaría que se trataba de una salida del estadio era una cavidad, un pasadizo que cruzaba la montaña en la que se encuentra encajonado el estadio y que comunicaba con el otro lado y albergaba la sala de prensa y un museo con los carteles oficiales de todos los juegos. A los que nos gusta el deporte en general y el atletismo en particular se nos viene a la cabeza lo que debe ser entrar en ese estadio en un maratón, buff.  Este pequeño vídeo reúne un poco todas las sensaciones de ese ratito en el estadio Panatinaico.


Y poco antes del anochecer, subi al monte Filopapos, sin duda el mejor lugar para fotografiar el Partenón, porque aunque no tenga tanta altura como Licabetos, se encuentra mucho más cerca de la Acrópolis.



El quinto día tenia contratado un crucero por varias islas griegas, no sé si porque tenía unas altas expectativas en esta excursión o por la razón que fuera, no cumplió mis expectativas, supongo que porque no conjugo mucho con los aires de grandeza que rodean todo el tema de los cruceros. Pero para mí el todo vale y un día es un día para pagar más y más dinero por cosas que no tienen el valor que te hacen pagar no encaja conmigo. Y si que es verdad que te recogen en tu hotel, te llevan a tres islas, te dan de comer y regresas a tu hotel unas 14horas después por poca más de 100€. Pero para mí un todo incluido en español es eso, todo y español. Eso parecía la ONU, si que los miembros de la tripulación hablan español pero no era lo esperado y que claro, en el todo incluido no están incluidas las excursiones de cada isla y sinceramente que te cobren 20€ por un paseo de una hora no lo veo, eso, o que en la comida las bebidas se pagarán a precio de un riñón porque la escasa variedad de comida estaba incluida en el todo, pero la bebida iba aparte. Lógicamente al final en parte caes en ese juego del todo vale..en el que te llevan como corderitos de un lado a otro.


De las islas la que más me llamó la atención fue la primera. Hydra. Una curiosa isla en la que no se usaba el coche privado y la gente aún se movía en burro. Me encantó pasear por sus callejuelas, ir hacía un lado y otro del puerto, contemplar las pozas donde se bañaba la gente, en fin un buen lugar para perderse.




La segunda isla, fue Poros, en la que apenas estuvimos un rato, no pudiendo más que contemplar las vistas desde la Torre del Reloj, punto más alto de la isla.


Y por último, Egina, conocida como la isla de los pistachos, ya que la mayor parte de la isla se dedica a la plantación del árbol que da como fruto los pistachos, en su interior visitamos el monasterio de San Nectario, pero no hubo opción de conocer el Templo de Afaya, que forma el conocido tríangulo sagrado, junto con el Partenón y el Templo Poseidon de Cabo Sunion. 



A la vuelta a Atenas, a disfrutar de la última cena griega, pasear por la animada zona del Monasteraki y contemplar como la luna llena aparecía entre la Acrópolis, la mejor manera de despedirme de la noche ateniense.

Y llegó el sexto y último día de mi aventura, aún quedaban las últimas fotos desde el Areopagos, la colina de Ares, lugar de peregrinación, donde el apóstol San Pablo llegó para extender el cristianismo. Y tras los últimos paseos, entre Anafiotika, Plaka, las tiendas de recuerdos, llegó el momento de la despedida de esta ciudad que me ha dejado encandilado.

Este viaje era muy especial para mí, no es fácil viajar solo y más cuando el origen de esta aventura tenía otra meta muy distinta a la vivida finalmente. Pero ha merecido la pena, ha sido una experiencia fabulosa, conocer la historia griega, y algo de su mitología, descubrir que los griegos son muy parecidos en costumbres a nosotros, ya sea por las horas de luz o por la dieta mediterránea. Ay! lo bien que bien he comido estos días, el primer viaje que no he tenido la necesidad de acabar en un italiano o en el  McDonald de turno, porque los platos griegos estaban riquísimos, la Musaka, los Gyros, Pastitsio, cualquier verdura a la plancha, rebozada o rellena, y los yogures, con miel, frutas, nueces, … un sinfín de platos y todos riquísimos, con sabores originales, sin especias que adulterasen la naturaleza de nada.


Han sido tantos los recuerdos, he conocido a tanta gente, he compartido tantos momentos y sobre todo viajando de esta manera, he estado acompañado de la una única persona que nunca nos falla, uno mismo. Mi soledad y yo, en un viaje en Atenas inolvidable, penetrando en la historia de un imperio y en la historia de uno mismo, lo que fue y ya no es y lo que pudo haber sido y no será. 


martes, 7 de marzo de 2017

Panticosa 2017: Mi primer viaje de Esquí



Hasta ahora, nunca había hecho un viaje de esquí, mi única experiencia con unos esquís, se resumía a una excursión de unas horas hace muchos años a Valdesqui, en la que apenas había aprendido nada y había sentido que los deportes de nieve, eran caros, peligrosos y destinados para un grupo acomodado de la sociedad.


En estos años, con operaciones de rodillas incluidas, sentía que no tenía la necesidad de exponerme a sufrir una nueva lesión, en definitiva, me daba miedo ir a esquiar por lo que pudiera pasarme.

Pero este año, un día de camino a las pistas de atletismo de Azuqueca donde entreno, vi un cartel de una excursión que organizaba la concejalía de Juventud, por sólo 300€, incluía, viaje en autobús a Pirineos, alojamiento 4 noches, pensión completa, (incluida la comida caliente en pista), ocho horas de curso de esquí y el acceso a las pistas de Panticosa, durante cuatro días.


Ya no tenía la excusa del dinero, solo el miedo a una posible lesión me podía quitar las ganas de una nueva aventura, pero los miedos hay que superarlos así que me apunté al viaje.

Al llegar al Ayuntamiento, de donde partíamos, alguna cara conocida, pero de la totalidad del grupo, ni la mitad tenía una relación directa con Azuqueca. Una lástima, que no se hubieran animado más jóvenes de nuestra localidad, porque el viaje estaba muy bien organizado. Seguro que el año que viene con la buena experiencia vivida por los que fuimos, solo por el boca a boca, se animará más gente.


Una vez allí, el ambiente perfecto, aprendí lo que es ponerse unos esquís, la sensación al andar con las botas, el follón de ir de un lado a otro con el material, donde colocar el forfait, tener muy claro donde dejas un guante, el casco o las gafas (es tan fácil perder algo…) y sobre todo aprendí a dejarme caer.

Al principio hasta la pista más llana, te parece un mundo, no sabes frenar, tiendes a chocarte con cualquiera en las peloteras que se montan en la cinta que te devuelve arriba y tú única preocupación es no caerte.

Poco a poco, te vas sintiendo más suelto, ya sabes frenar, haciendo la famosa cuña, empiezas a hacer giros y la pista se te empieza a quedar pequeña, porque la pendiente de esta primera pista donde estábamos todos los aprendices era lo que era. Tras el primer día de curso, empiezas a tirarte por pistas un poco más complicadas, sufres las primeras caídas o más bien te tiras cuando no controlas la velocidad.

El segundo día, empiezas a fliparte, y ahí es donde está el peligro de este deporte, empiezas a ir a sitios que aún no eres capaz de bajar, pero disfrutas al salir de tu zona de confort, coges los primeros telesillas, alguna percha y te quedas encandilado por el entorno paisajístico, los valles, los glaciares, los ibones helados, una desconexión total de tu día a día.

El tercer día, saboreas este deporte, la mayor parte de las pistas azules las puedes hacer sin ningún problema, te lo pasas en grande.

Y el último día te quedas con ganas de más, lo intentas aprovechar al máximo, pero todo lo bueno se acaba, sano y salvo, un miedo menos.

Pasado unos días, tengo la sensación que el esquí mola, pero practicarlo después de un maratón no es lo más aconsejable. Además cuando aprendes vas siempre tan en tensión, que sufres demasiado muscularmente y una semana después aún tengo molestias en los aductores.


Sin embargo a pesar de los dolores, las sensaciones del viaje son muy positivas, la gente, los momentos en el albergue, esas habitaciones comunicadas por arriba, el agua, las cenas, los ratitos de cervezas o los bailes de la última noche. Una nueva experiencia más a sumar a este año 2017.